Archivos para 30 noviembre 2010

Oria

Esta historia no pertenece a Caín y la virgen rota, pese a estar en concepto totalmente vinculada. Es decir, es un episodio que no aparece allí. Se escribió en 1997 y es independiente de.

(nota nov 2010)

Sergê saltó de la cama más temprano que de costumbre pues era el día que había planeado.

Ya estaba en el baño cuando recordó que debía llevar la cámara a las diez, ya que así había quedado con los chicos.

Se terminó de enjuagar la boca diciéndose ‘será más tarde’, e inconscientemente se miro la muñeca buscando el reloj que no llevaba.

Fue a su habitación y cuando se vestía presuroso volvió a pensar en ella.

La había conocido poco tiempo atrás, cuando fue a prestarse algunos libros de Fedor.

Había llegado a la ciudad hacía cosa de un mes y tenía que prepararse para el test de selección universitaria.

Conversando con la encargada, y al solicitarle ayuda, le fue presentado Fedor, que podía ser su compañero de estudios cuando se iniciaran los cursos.

Éste le prestaría cuadernos y libros para prepararse.

Y así la conoció.

‘Te presento a mi hermana, Oria’.

Oria, extraño nombre.

Tendría cerca de cinco años más que él, pero no era una barrera. Se ha dicho tanto eso de que el amor no tiene edad…

Luego, y muy disimuladamente, se encargó de averiguar cosas de ella. Si tenía o no enamorado, que hacía, qué le gustaba…

Así supo que trabajaba en una fábrica de leche evaporada en el parque industrial de la ciudad.

Luego supo que su horario era de las siete con quince de la mañana a las seis menos quince de la tarde, con receso para el almuerzo también, por supuesto.

Siete y quince, ¡caray!

Se puso el reloj y chequeó la hora, seis de la mañana con  cincuenta y nueve minutos.

Le quedaban seis minutos para alcanzarla antes de que subiera al bus que la empresa mandaba para recoger a sus empleados.

También sabía que era ella la última en ser recogida por la relativa cercanía de las casas de ambos (él vivía a dos cuadras de la casa de ella) al parque industrial.

Tomó las flores que compró la tarde anterior y salió corriendo, alcanzando a oír el grito de la madre ‘desayuna, ¿a dónde corres?’.

No, ella nunca entendería.

Cuando llegó la puerta de ella estaba aún cerrada.

Pegó la oreja para oír y sólo escuchaba las consecuencias de movimientos apresurados: tacos, bolsos, objetos en mesas…

Venía alguien por la vereda en que quedaba la casa, así que trató de ocultar las flores y preguntó por disimular la hora.

‘Seis y cincuenta’, le dijeron.

¿Qué? Chequeó su reloj y lo puso a la hora.

La espera se hacía criminal-

Volvió a espiar y oyó como ella desayunaba y conversaba (apurada, siempre apurada) con Fedor y Doris, su otra hermana.

¡Qué terrible si ellos supieran todo! ¡Si lo vieran!

Luego lo harían el hazmerreír de los demás.

Volvió a recordar la cámara.

Fue y se ocultó a la vuelta de la esquina.

Mientras esperaba iba pensando que podía haber desayunado, sacado la cámara, sin descontar que se había bañado, y aún así le habría quedado tiempo y estaría esperando.

Cuando de pronto, por detrás suyo, el ómnibus de la empresa.

Lleno de hombres y mujeres bien trajeados.

Los obreros -pensó- serían recogidos más temprano.

Sonó la puerta y salió ella.

Él salió de su escondite, a unos cinco metros, y la vio subir las gradas del estribo, avanzar, sentarse y hablar con unas compañeras que sonriendo lo miraban a él y las flores.

Ella se percató de él, se besó la punta de los dedos y sopló en su dirección, y todos se rieron.

El bus partió.

Empezó a caminar a su casa.

Desayunaría y sacaría la cámara a la diez.

Pensó que Fedor lo sabría todo, pero recién en la tarde, por lo menos por hoy no lo molestaría.

Al pasar, tiró las flores en un tacho.

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I must be dreaming

Sí. Terminó por fin el domingo

Lo sé porque son los 3 minutos de hoy lunes y estoy vivo. Esperé con ansias este día.

Tenías razón, no soy quién para juzgar a nadie. Pero no juzgo aunque parezca así a tu forma de ver.

La denuncia de los hechos y la provocación de los mismos no es juzgar. Probablemente no tengo derecho a hacer tampoco esto, ni aunque sea por el bien de ustedes, pero no hay nada que me lo prohíba, y en todo caso me mueve una buena razón, que encima ni recae en mi, sino es para el bien de ustedes mismos.

Puede que tuvieras razón. Puede que no.

Ella se acercó esa mañana de noviembre, cuando el frío viento calaba más que la propia humedad. Y decir eso ya es bastante. Se acercó a la vieja puerta de madera y entro. No pidió permiso ni autorización tenía para hacerlo. Tampoco tenía derecho de hacerlo pero eso tú igual lo hubieras justificado un poco, nunca tanto. Es más, entró después de mandar a alguien a investigar el terreno.

Acá sólo viven dos clases de personas. Los que huyen y los que desconocen. Y yo no desconozco, por eso no juzgo. El derecho? bah! no importa.

Encendió el fuego que el viento se queda tras la puerta pero la humedad no. Se sentó sin darse cuenta del peligro, lo que es raro si reconoces que sabía de los riesgos en algún modo, pero sin querer aceptarlos. Siempre le gustó fumar…

El problema de la honestidad brutal es que nadie tiene derecho a decirle a otra persona que está gorda. Ni siquiera por su propio bien, dices.

Es más fácil callar y joder y hablar estupideces superficiales, sin norte ni vía, y dejar que el fuego consuma sus huesos por la complacecia de fumar. Eso sí hay que respetar, verdad?

Pues sí. Y si eso se respeta también el no autorizado derecho de hacer lo que te da la gana. Y esto es lo que me da la gana a mí.

Y se fue.

De a pocos. La flama saltó de la hoguera a la alfombra, y eso le divierte enormemente.

Con mucha pena y dolor le dije que se largara y no entendió porque nunca quise que se fuera. Pero era necesario. Cual película patética le dije vete Lassie, te odio, no te quiero. Y no se marchaba. Le tire piedras para alejarla por su propia seguridad…

De la alfombra saltó a la casaca, y ella no entendía porqué el fuego que antes la abrigaba ahora la hería. Le grito al fuego No necesito tu protección! y la verdad es que nunca lo necesito.

Entré y a rastras saqué el cuerpo. Todo estaba caliente, pero las quemaduras eran superficiales, como todo en esta parte de su vida. Me ampollé los dedos y fue una suerte que la humedad, la tremenda humedad que empapaba la ropa debajo del sacón de cuero la preservara. Sólo se quemó la envoltura… y mi casa.

No me volverá a hablar. Así lo dispuse tiempo atrás. Y eso es cierto fuego que arde en mi casa. Y yo con pena la veré pasar a mi lado en un lonesome road, y ella solitaria en ese camino no me verá. Seré un fantasma al lado.

La casa terminará de arder algún día, y entonces con la promesa de ser mmmm, mejor?, despertaré de este sueño.

Los puntos de no retorno. El fin. Cruzar la línea.

Lo soñé, lo tengo bien guardado en mi cuaderno dorado para que no se fugue otra vez de mi memoria.

Que terrible maldición saberte y jamás recordarte….

Pero esto no era a ella, sino a ti. Tú que eres cómplice suspicaz, y que pensaste que estaría bonito, pero muy, muy mal.

Sabías que un día me juzgaron? Sí, yo hago sentir mal a la gente para sentirme bien, decían… Era mi misión. No sentirme bien. No sentirme mal. Hacer reaccionar. No tengo derecho a juzgar, dices, y no lo hago. Pero no puedo mantenerme al margen viendo, como dice Charly, que va a ese lugar donde todos han descarrilado, sin intentar detener el coche.

Debo estar soñando.

Nada de esto pasó, y un día antes de nacer, antes de todo esto… La encontraré. Y si es necesario mmmm, tendré que enseñarle a volar otra vez, para que alguna vez recuerde, aunque sea con odio. Y yo moriré porqué la sabré y nunca si es cierto.

Lo sé porque hoy es domingo. Y ya pasé a su lado. Y ahora que aún me reconoce ya no me quiere ver.

Caeré del recuerdo al menosprecio, y del menosprecio a la indiferencia, y un día los huesos serán testigos de lo que te digo.

Pero era por su bien, era por su bien, era por su bien…

Yo acá reportándome. Vivo aún.

Si vivir es latir, vegetar, sufrir, respirar, odiar, compadecer, uuuuuh! JUZGAR.

Lo sé. Estar vivo… No tengo derecho.

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Salida 23

Sales y ves.

Tú ves.

Sales en la mañana y lo primero es una conciliación.  Hay que acomodar algunas cosas si tienes l muerte como norte de pensamientos desde hace tanto ya que ni recuerdas.

Concilias. No lo haces por afán de mejorar, sólo por afán de persistir. Porqué hay otras formas, pero no te interesan. No cuando sales y ves. No hoy. No ayer. Así que sales y concilias porqué es lo que hay. Avanzas y desprecias porque parte de esa conciliación ni siquiera la entiendes, ellos menos, es verdad. Pero notar que están tan errados te muestra como en un espejo tus propias derrotas. Aún quedan amigos te dices. Una gente que te muestre un poco de  eso que buscas. No sabes que es, pero al verlo lo encontrarás como respuesta de toda la vida de un día, de una hora, de un minuto.

Sales y buscas respuestas pues.

Odias. Lo sabes. Crees que todos odian pero no se dieron cuenta. Te odias. por eso buscas las respuestas. Por eso no las encuentras. Los sitios siempre son inadecuados. Pero aparece aquí, como gran figura una barba. y te aferras a la barba. Pero la barba crece desmesuradamente como en “El Pájaro” y te sientes que ya no sujetas la bartba, sino un trozo más y ya no es especial. La barba creciente de pronto deja de ser refugio y empieza a estrangular.

Huyes de ese sitio, sueltas la barba y corres a buscar refugio. Pero la barba te mira con ojos lastimeros desde atrás el cráneo y que te queda?

Sales.

Un último intento y aparece la mujer inesperada. Cordialidad y preocupación. ETA tarde. muy tarde. Años tarde. Necesitas tiempo. Pausa. Segundos fuera!. Tú solo y sólo tu. La cordialidad, enamorada de su maldad, sonríe tras las máscara del casual encentro para el que te han hecho andar por semanas. El tiempo es relativo… No, el tiempo no existe, y por eso pasa… Pasamos.

Y sales. Sales a implorar más tiempo.

Pero la arena ya casi se agota y las estatuas de sal no ven hacia adelante.

Las buenas ideas se van y sólo queda el mal gusto. Lo fácil. Lo común. Nadie ve más que atrás, y se conducen por un traidor convertor de sal al que el complejo no le da para más. Y Denegri dirá “convertor no existe, debe ser convertidor”, pero no te interesa.

que la palabra importante es la otra. Traidor. Como Caín, como Judas. Como tú.

Como ella. Como ellos.Como ellas.

Así que sólo sales.

Sales y ves.

Sales y te vas.

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Mortem

191/93

 

Yo, no es que quiera no conversar, si no hablar.

No quiero abrir la boca ni mi ojo derecho, derecho…

Es que duele casi como toda herida que no puedo ver pasar sin sufrir un poco, ¿entiendes?

Y tú, ¿por qué no quieres hablar?

La cerveza me arde y háceme doler la tripa, quema y pesa, y además odio las aceitunas.

Y ayer tuve un sueño que te estuve contando. Morí por un rato. Lo habitual.

Y no sé más.

Luego soñé toda la noche. No descansé nada.

Insisto, creo que morí.

Entonces apareció.

Pero esto es después.

Yo sólo recuerdo en mí que desperté haciéndote el amor en otro sueño.

Pero éste era diferente, más aun, y parecido a como cuando morí.

Porque realmente morí.

Abjuré de todo, de mi dios, de Dios, de ti y de los hombres.

Ayer sólo quise pelear contigo, y no quería conscientemente y no lo hice.

Pero cuando iba a tu casa yo ya no quería nada. (¡Cuántos los que de mi dicen: Dios, ya no quiere saber nada! ¡Levántate Señor! ¡Sálvame Dios mío!*)

Y creo casi odiaba. Odiaba todo.

Tanto como aquella otra vez, y eso causa pena. Una gran pena de llorar.

Bueno, yo soñé.

Todo era un sueño en mis cuadernos.

No te culpo si ya no quieres leerlo.

Claro que luego yo te lo reprocharía (¿?)

Pero no te culpo.

Yo no soñé esto.

Esto lo viví anoche, cuando éramos uno y no dos. Yo me vi en una obscuridad absoluta. Yo había muerto y muerto estaba.

Sin miedo al principio. Con pena, y pánico después. Sólo que yo supe…

Era todo muy obscuro y yo sentí esa respiración en mi cuarto con llave.  Yo no sé si los demás lo crean, pero yo pensé “mierda, ¿quién se ha metido?”.

Antes yo había renegado de Dios.

Yo que me atreví a desafiar a Pedro y Adán.

Pero seguramente así también estuvo escrito, y no soy yo un santo, pero pensé que entro alguien en mi cuarto sin derecho, derecho…

A mi santuario.

Y me enfurezco.

Primero traté de abrir mis ojos y no podía. Eran de plomo y no se podían abrir por nada.

Me dio miedo y recordé lo de los otros cuadernos y las cosas que sentí antes sobre la muerte, la inanición y la pelea; pero siempre se combinan.

Y esta vez yo había peleado con el Creador y Criador.

Y entonces temeroso abrí los ojos y lo que vi fue esto: [hábito de fraile, la capucha y las sombras no dejan ver la cara,  no se ve si hay alguien o no, pero parece con forma]

Y mi susto vestía jean azul y una especie de sotana entre morada y negra.

Yo dije “¿Por qué no como en dinosaurios? Como un pasaje entre nubes claras” pero no era Zodonegro y con ese personaje mudando y exprimiendo toda la luz de mi habitación.

Yo sentí miedo y me dije lo justo es lo justo, y justo es que no camine entre nubes sino que en cuarto obscuro esté. Y así como supe que sería con las otras tres experiencias anteriores, supe que era otro tipo  de muerte.

Excepción.

Luego sonó el teléfono, y como las otras veces quise gritar. Gritar muy alto, y no pude.

Luego sonó otra vez el teléfono.

Y por fin pude romper el encanto y abrir los ojos.

Y cuando los abrí hubo miedo.

Y tuve que abrir la puerta, sacar lo que no era mío y por fin dejar la puerta abierta a los ruidos y luces molestas que quitan el sueño, para poder conciliarlo y dormir.

 

(la noche del 9 al 10 de julio de 1993)

 

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Historia para un Blue Cat

Este cuento lo escribí en 1990. Creía entonces que el amor entre dos personas era capaz de romper cualquier barrera y vencer cualquier obstáculo si era real.Han pasado 20 años y el desengaño me hace ver que ser testigo de la inhumanidad de la bestia homínida no debió comprometerme ni a favor ni en contra. Ahora, con paz y cierta desazón por la inocencia perdida, veo que es mejor ser un espejo. Habrá quienes crean en el amor y la dignidad humanas. Yo al descreer dejo de ser lo que idealicé alguna vez. Y con lástima veo que de una u otra forma la bestia tiene las de ganar y ni siquiera es consciente de ello. Es parte de la envoltura. El humano… es solamente un mito.

noviembre 2010.

Blue Cat

 

332/90

 

Hay un mito.

Un mito popular tal como que pasar por debajo de una escalera o que se cruce en el camino de uno un gato negro trae mala suerte.

Bien, no se hasta que punto sean ciertas o falsas estas creencias, lo que sé es que a los gatos hay que temerles, cualquiera sea su color.

Yo particularmente les detesto, sea de día o peor aún de noche; no soporto tener a mi lado a uno de estos felinos con sus ojos fríos, enigmáticos e impersonales.

Siento deseos criminales y si pudiera los mataría.

Les detesto, sobre todo cuando abren su hocico y se puede ver dentro de sus satánicas fauces, como si fueran un arsenal de armas blancas, como sables y cuchillos, como afilados puñales esa colección de colmillos y desgarradores dientes que las adornan, brillando como sus refulgentes ojos.

Son realmente demonios.

Fue eso lo que más asco me dio de este viejo libro que saqué de la biblioteca: No fue fácil, no …

 

– Hola Derek, ¿Qué fue?, ¿te aceptó Carmen?

 

Carmencita era una preciosidad.

Tenía ese andar suyo de gacela en el que movía hasta el último hueso de esa estructura ósea recubierta con la cantidad justa de tejidos donde debía.

Yo la había conocido hacía un par de meses en la clase de debate que llevamos juntos en la pequeña Universidad de Brefo.

Me cayó tan bien que inmediatamente le propuse salir juntos, a lo que respondió con una negativa.

Sin embargo, y con no poco esfuerzo, conseguí me tuviese confianza, y salimos un par de sábados a bailar.

Por ese entonces fue que llegó Carlitos, mi mejor amigo en la preparatoria.

Carlos es todo lo que cabe esperar del típico estudiante perfecto.

Era alto, de finas facciones, trato carismático y amable, un genio en matemáticas y ciencias, y como si todo lo dicho fuese poco, un olímpico deportista, sobresaliendo en baloncesto.

Lejos por eso de ser pedante o altanero, era cordial y amigable con todos, lo cual atraía la simpatía de alumnos y docentes.

Siendo yo su mejor amigo, estaba orgulloso de él, y también agradecido porque me ayudaba en los cursos, me daba sanos consejos acerca de mi disipada conducta (aunque esto le divertía enormemente) y me sacaba de líos.

 

A esta altura ya todo le llamaban “Carlitos” cariñosamente como una broma por su grandioso y proporcional desarrollo físico.

Cuando llegó a Brefo lo presenté a todos a mis conocidos y amigos, incluyendo a Simón y Carmencita.

Con todo siempre me dedicó su especial amistad.

Creo que allí empezó todo.

Cuando le presenté a Carmen quedó embobado de tal forma, que no pude menos que enorgullecerme.

Pensaba “Tengo un gran amigo y una futura, hermosa e inteligente novia, ¿Qué más puedo desear?”.

Pero alto.

Hice planes antes de tiempo, y noté un cierto alejamiento por parte de ambos y quedé solo con Simón, quién me insinuaba la relación entre Carlos y Carmen, pero lógico yo no quería ver lo evidente, eran tal para cual.

Y llegó el desenlace, yo le iba a pedir a Carmen que fuese mi enamorada.

Recuerdo esa imbécil y estúpida noche de sábado en que fuimos a “Ernies”, un bar con buena música, pista de baile, pantalla de videos y vídeo juegos, estaba muy de moda.

Me costó mucho convencerla a ir conmigo, mas lo logré.

 

Para colmo de males le compré a Simón un anillo para Carmen y él no me dijo que lo obtuvo como obsequio por la compra de una gargantilla.

Llegó el momento.

– Carmen -dije acariciando en  mi bolsillo la caja que contenía el aro- sabes lo que siento por ti, y créeme, también sé lo que tu sientes, para que engañarnos…

– Cierto -me interrumpió ella, ante mi asombro agregó- no debemos engañarnos, sinceramente no creí que fuera tan fácil y temía herirte, pero parece que lo comprendes todo tan bien- dijo con su hermosa sonrisa – Estoy enamorando con Carlos y me alegra que lo comprendas…

No pude oír más.

Supongo que no soy el primero ni el único que pasó por esto.

Pero todo me parecía un sueño.

La caja y anillo rodaron de mi mano al suelo recuerdo vagamente como después la tuve en le bolsillo.

Veo al mozo dándome algo, y yo agradezco mecánicamente.

Veo como a través de una nube a Carmen que me pregunta si me siento bien.

Reacciono y acaricio la caja del aro queriendo sea la culata de un revólver.

Me maldigo interiormente pero respondo sin afectación visible:

– Lo sé, lo sé- mientras esbozo mi mejor sonrisa falsa – ahora todo es mejor. Tu sabes, él no es de acá, y una compañía especial es siempre buena – no resisto más- ¡Oh! La hora, discúlpame un instante, debo llamar por teléfono.

 

Fui al baño.

Estaba furioso conmigo mismo.

Tomé aire y regresé a mi mesa.

Desde allí la vi en la pista bailando con Carlos, como si rieran (cosa que no hacían), bailaban abrazados así que pagué y me fui.

– ¡Derek!, ¿te aceptó o no? – insistió sin saber Simón.

– No, no me declaré- le respondí casi gritando, – y toma tu estúpido anillo: está con Carlos, lo ama  a él ve y dícelo a todo el mundo.

– ¡Hombre!, no es para tanto, hay otras chicas.

¡Claro!, siempre había otras chicas, pero eran otras, yo quería a Carmen y nada más.

– Bien, vamos a clases, ya es hora- dijo y se acercó a conversar con otras chicas rumbo a la clase.

– ¡Hola Derek! – llamó la hermosa voz detrás mío.

-¡¡¡Carmen!!!

– Sí, Carlos y yo nos preguntamos dónde podías haberte metido en la noche y todo el domingo de ayer, – fuiste a telefonear y ya no te vimos…

– Este…, claro, ¿sabes?, me sentí repentinamente mal y estando ya tu en buena compañía…, además como te dije tenía que estudiar… para hoy- dije entre balbuceos- disculpa, corro a mi examen o no llego- termine gritando a toda carrera y tropezando al subir las gradas rumbo a mi clase.

Ya en el aula me llamaron la atención por no prestarla.

Pero cómo podía yo pensar en nada sino en Carmen y Carlos ?!

¿Cómo trataría ahora a Carlos?

¿Con rencor?

La verdad es que él no sabía que yo la quería para mí, y no me traicionó, él no sabía nada.

Bien, la situación seguiría como si nada hubiera acontecido.

Yo sabría disimular.

 

 

Pasó una semana, sin embargo ya nada era igual.

Eran ellos dos, y aparte yo.

Sin embargo Simón advirtió mi pesadumbre, y una vez en privado sacó a relucir el tema.

– Hombre si estás tan obsesionado usa magia…

– ¡Si claro!, Abracadabra ven a mi cama…, no seas imbécil.

Terminó en otra discusión inútil.

¿Inútil?, obsesión, magia…

Después de todo valía la pena intentarlo.

¿Cómo era eso de “en la guerra y en el amor…”?

 

Así fue como me hice con este libro “Ocultismo, Magia Negra y Ciencias Relacionadas”, rezaba el título del negro libro con gatos en la portada.

Ese gato horrible como un demonio en alto relieve.

Hojeé el índice “…mm…dinero…mm mm – no me interesa por el momento – mm… negocios… salud…m…amor…¡AMOR!- eso es- a ver capítulo 7 -vaya el 7 fue siempre mi número favorito.

 

“Entonces se pondrá la foto de la persona amada (debe ser una donde Carmen aparezca sola, para no disminuir la fuerza del hechizo, el libro no lo dice, pero es mejor), en medio de los dos espejos que estén viéndose entre sí, con el espejo denominado macho (el más grande) viendo a la vez por donde se pone el sol.

La vela, nueva y perfumada se pondrá sin otro soporte mas que el de su propia cera, detrás del espejo hembra.

Luego se fumará un cigarrillo negro de propia fabricación, o el primero de una cajetilla nueva, se encenderá la vela y se fumará íntegro con el mismo fuego, es decir, no se dejará que se consuma solo.

Mientras se fume se echará el humo sobre la foto repitiendo en alta voz el nombre de la persona amada.

Cada vez que se eche el humo a la foto, se agregará el mantra ven a mí”.

 

¡Eso era!!!

Me fui a conseguir todo lo que necesitaba.

Vela, foto… ¡FOTO!!!, yo no tengo fotos de ella.

Me las arreglo con una foto de la fiesta del primer baile semestral.

Llego a casa y me encierro.

Empezó el hechizo.

 

Cuando hube fumado ya más de medio cigarro me mareo, mas como estoy decidido a todo voy a seguir.

Fue entonces que me pareció que la foto lloraba, me dije idiota, y lo atribuí al mareo, creyendo que lo imaginé.

Entonces el reflejo en el espejo pequeño se deformó dando imagen a Carmen por sobre las demás gentes en la foto, maldición, sabía que debió haber sido una foto de ella sola.

Y el reflejo habló:

 

– No Derek, no es tu imaginación.

– ¡Carmencita!!!

– Sí, soy yo – me dijo llorando – jamás pensé que harías algo así, ya nunca más podré verte a los ojos, me repugnas, ¿no te das cuenta?, eres un miserable y egoísta ser sin escrúpulos.

– Pero yo, Carmen óyeme…

– ¿Qué me vas a decir?, ¿otras mentiras?, ¿otras estupideces?, ¿quién te crees que eres?

– Fue muy difícil, pero es que yo te amo, sólo quería que fueras mía…

– ¡Claro tuya!, y así con brujería: ¿Es que piensas que podría amar a un ser tan egoísta?

– Carmen yo…

 

La foto lloró y lloró.

El humo del cigarro invadía toda la habitación.

Era tan denso que uno podía recostarse en él.

La imagen de Carmen empezó a cambiar en uno de los espejos.

Sí, la imagen en uno de los espejos, no recuerdo cual, ya no era la de Carmen, sino era la de Carlos, y me invadió una profunda vergüenza.

 

– ¿Qué has hecho? – yo sólo pude bajar los ojos – ¿Por qué me has traicionado?, caray, y yo que siempre creí y confié en ti. Si te molestaba algo ¿por qué no lo dijiste?, ¡Claro!, total eres tan falso que jamás hablabas traidor.

– ¿Y tú?, ¿tú qué?, te traje aquí, te convencí a venir ¿y?, tu me la quitaste, ¿qué me recriminas ahora?

– Sabes bien que no, no te pedí venir, y tu nunca me dijiste nada acerca de lo que sentías por Carmen. Yo siempre te aprecié, cuando necesitaste mi apoyo te lo di, cuando quisiste un consejo no te lo negué, “te defendí como a un hermano”

“Me quedé ayudándote para los exámenes y tu ¿qué haces?

“Noche tras noche, tormenta tras tormenta, cada problema, cada pequeña cosa, sin importar el tiempo, estuve a tu lado, ¿para esto? – yo me sentía venir abajo – Pero sabes igual que te perdono.

– No necesito tu perdón – estallé.

 

El maldito cigarro me asfixiaba y rodó finalmente de entre mis dedos, quise pisarlo, apagarlo, pero no podía pese a que vi la brasa naranja brillando entre la espesísima nube de humo que se extendía invadiendo todo, y cuando la pisé, me di cuenta que eran los ojos del gato en alto relieve de la tapa del libro de brujería.

 

– Dios, ¿qué pasa? – fuera del dormitorio.

– ¡Traidor, cruel, traidor…!!! – me gritaban los espejos.

 

El cigarro rodó hasta llegar a la foto que comenzó a arder rápidamente.

 

– ¡Abre la puerta Derek!, ¡Fuego! – oí a mi hermano gritar tras la puerta – ¡Incendio!!!

 

Yo corrí a abrirles y no pude.

Encima de mi cama había un espejo y de este salió una mano (?) que me asió por el cuello y me introdujo en él.

Me absorbió.

Se abrió la ventana, y el viento se llevó las cenizas de la foto.

Empezaron a empujar la puerta, parecía que se venía abajo.

El viento hizo caer los espejos y estos se quebraron, en tanto el humo se disipaba rápidamente.

Finalmente se abrió la puerta.

 

– ¡Derek!!! – gritó mi padre – ¡qué raro!, no hay nada, no hay fuego, no hay Derek, sólo esta ventana abierta, seguro que por aquí entró el humo de algún otro sitio.

– ¡Aquí, aquí!!!, ¡Padre!!! – gritaba yo en el espejo.

 

Y aunque mi voz sonaba fuerte y con un eco cavernoso, repercutiendo increíblemente en el vacío, nadie me oyó. Nadie.

No sé hace cuánto estoy aquí.

Es raro, sin frío, sin calor, ni nada.

Ni hambre, ni sueño, sólo angustia, y las paredes blancas que realmente no existen y que puedo traspasar.

Gente que tampoco me ve y que se asusta cuando tiro algo.

Debe ser el infierno.

Lo único que tengo aquí y que no puedo usar es esta estúpida caja de cigarros y estos trozos de cristal de espejo.

Hoy me asomé por el espejo de mi sala que para mi es como una ventana.

Mi madre aún llora mi ausencia.

Creen que me he fugado huyendo de una depresión, o que me han raptado o matado.

Nadie sabe nada de mi.

¿Nadie?

No, falso, hoy vinieron a consolar a mi madre Simón, Carmen y Carlos.

Conversaron mucho acerca de mi.

Luego se levantaron para despedirse y marcharse.

Carmen se arregló frente a este espejo, y pasándose un dedo por la garganta, sonrió, guiñó un ojo y me mandó un beso; por detrás se acercó Carlos e hizo el ademán de tirar un puñetazo contra mi y romper el espejo.

Pero no lo rompió.

Quizás hubiera sido mejor que lo hiciese.

 

El sol entraba suavemente por la ventana.

Era ese sol de 3 de la tarde y calentaba deliciosamente a la dulce anciana que controlaba la biblioteca.

El joven, casi un niño, debería tener unos catorce años y al acercarse con el gran libro negro a su espalda, parecía algo avergonzado de solicitarlo.

No quería que la gente pensase que era supersticioso.

Finalmente lo llevó donde la viejecita y ésta llenó la ficha de cargo, el joven firmó.

– Gracias señorita…

– Carmen – contestó – señorita Carmen.

 

El gato de la tapa le guiñó un ojo y ambos sonrieron…

 

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Parte Uno – IV Doris Batista

El sol entra por la ventana. Se filtra por las entrecerradas persianas.

¿La habitación?

De regular  tamaño. No muy amplia pero lo suficiente para albergar un placard, un par de trípodes –uno con la cámara fotográfica en él-,  algunos bastidores y lienzos sueltos en desorden. Un comodín con los cajones abiertos y objetos de toda índole desparramados sobre él.

Un Benetton de pulsera, dos rastrillos de afeitar, un frasco grande de colonia y algunos productos de higiene: cepillo, pasta, etc.

Pero sobretodo papeles. Manuscritos, y hojas escritas a máquina o impresos de computadora. Amén de espátulas, pinceles y chisguetes.

Una alfombra salpicada de colores pastel y lamparones de óleos.

Sobre ésta, una cama amplia. Sin tender. Con sábanas negras y dos almohadones.

Duerme sudoroso de contextura delgada mostrando en los tobillos los resaltantes huesos que sostienen la piel como la tela en un gancho de ropa de los que cuelgan en el placard.

La pelambre descuidada, larga hasta debajo de los hombros, enmarca un rostro mortecinamente pálido que crea el contraste con las negras sombras donde se adivinan los hundidos ojos rubios.

Una barba incipiente de dos días.

La habitación lleva impregnado el humo de tabaco y el olor del whisky barato típico de una boite.

Suena el timbre. ¿Hace cuánto?

Aragón se incorpora frotándose los ojos lentamente. Le duele la cabeza y no está seguro de haber oído el repiqueteo del timbre de martillo. Tal vez un sueño, pero justamente el visitante vuelve a la carga.

Ya va, ya va, mientras se calza un Wrangler viejo y desteñido. Abre la puerta y se queda sorprendido al ver a la joven morena de verdes ojos frente a él.

Hola, saluda segura de sí.

Él se frota los ojos antes de responder: hola.

Tú eres Aragón, ¿no? 414 Av. Precursores…

Eh… sí, claro, pasa, mientras se pone un pullover de lana.

Bien, ella, y se interna en la habitación de los contrastes.

Avanza a la persiana y la eleva. Abre una ventana como si fuera dueña de casa.

¿Te molesta?

No, no. Sigue no más, mientras se sienta al pie de la cama buscando sus sandalias.

La brisa refresca el ambiente y la luz cambia la atmósfera a podredumbre que tenía el sitio.

¿Quién eres?

Ja, mi nombre es Doris.

Extrañeza en la mirada de él.

Doris Batista, mientras cuelga la mochila del pomo de la puerta que da al baño. Se sienta en la cama también, pero mantiene la distancia. Amiga de Ronnie, me dijo que me esperaba para estudiar… ¿no te dijo nada a ti? Me pidió que te ayudara a prepararte para la universidad.

¡Este Ronnie!

No te ofendas, pero está oliendo mal, y está muy desordenado, sería mejor ir a estudiar a un sitio más ordenado, ¿no?

¡Ah, sí! Disculpa. Ehhh, estuve un poco ocupado y eso… No he tenido tiempo de ordenar…

Bueno, no quiero ser entrometida…

No, no lo eres, es sólo que no esperaba a nadie.

¿No te dijo nada Ronnie?

No, es decir, sí, pero fue hace como dos semanas, y la verdad no lo tomé en serio…. No creí que realmente…

¿Que realmente…?

No, nada. Pasa que ya me prestaron algunos libros para eso, y… voy  para Arte, y no creo que precise estudiar mucho,  ¿no?

¿Arte? Ronnie dijo administración.

Uhh, sorry, bromeaba.

¿Y siempre mientes? Turbadora acercándose ligeramente a él.

Sólo cuando me provocan, retrocediendo un poco.

¿Y qué te provoca?

Se acerco un poco más provocando que Aragón sintiera electricidad en la nuca.

¿Yo te provoco?

No hubo respuesta. Se besaron con la habilidad de los que se conocen de antes de nacer.

‘Mara, Mara…’ pensaba afiebrado. Dejó que la pasión continuara, con movimientos suaves y calmos, sin espantar a la presa, que no escapara. Continuaron unos quince minutos. Él trato de avanzar un poco más y empezó a levantar el primaveral vestido floreado y a acariciar las firmes y criminales piernas.

No, no, dijo separándose. Para. No quiero que pienses mal de mí.

No te preocupes, no voy a pensar nada y trató de acercarse a ella que lo esquivo y se paró.

Pintas, ¿eh?, tratando juguetonamente de cambiar de tema.

Algo, mientras se para y se acerca para besarle el cuello y aprovechar de adivinar bajo el escote los turgentes pechos.

No, en serio basta. Mejor me voy.

¿He hecho algo mal?

No, no te preocupes.

Podría pintarte ¿te…

No, no, cortó ella. Mejor no. Me voy, y tomó su bolso.

¿Me vas a ayudar?, ya en la puerta.

Mmmm, turbada.

Vamos, aunque sea préstame unos libros,¿ no?

Bueno. Te los traigo mañana…. No, no, mejor tu vas a mi casa. Es menos peligroso.

Ja ja, ¿Dónde es?

A la vuelta del hospital, en el 213 de la Cuesta de San Roque.

¿Mañana?

A las 6, disparó ella y salió.

Ciao, se despidió Aragón tomándola por el brazo y besándola una vez más en los labios.

Después de un momento ella se soltó. Adiós. Y esta vez no volteó la cabeza, alejándose apresurada y ondeando el vestido al sol como una bandera que proclamara la libertad y prohibición.

 

 

¿Ensayamos?, Pete unos días después en el mini depa de contrastes, mientras talentosamente arrancaba etéreos sonidos del sintetizador.

Sí, sí, claro, pero Aragón no se movía.

¿Qué te pasa?

¿Te comenté que me encontré hace un par de meses con Ronnie?

¿Qué Ronnie?

Ronnie, el del cole.

¿El de los Cd?

Eh. Él sí te recuerda bien Peter.

Ja, ja.

Bueno, el hecho es que me envió a esta niña para que me ayude.

¿De quién hablas? ¿Qué tienes?, dejando de lado el teclado para interrogar con los ademanes también.

Bueno, se llama Doris.

¡Qué horrible nombre!

Ya, ya. Creo que podría cantar con nosotros.

¡Ah no! Ninguna enamoradita va a entrar al grupo, estamos más que bien con Vero y ya.

No es ninguna enamorada, te digo porque tiene buena voz, y está muy buena. Habría que ver.

¿Y de dónde la conoces tanto como para saber si canta o no?

No escuchas. Ya te digo que Ronnie le pidió que me ayude a estudiar, y bueno…. Ha estado viniendo…

¡Pendejo! Con razón has cancelado ensayos, ¿no? Y dices que no tienes nada con ella. Y te la mandó Ronnie… ¿Qué falta? ¿que él también se una?

Bueno toca bien la batería, y tiene una… Y además ella sólo ha venido a ayudarme a estudiar…

Con razón ingresaste en un puesto tan bajo, se burló Peter mientras desconectaba el teclado ante la evidente cancelación del ensayo.

Puesto 23 no es tan bajo, prendiendo un Marlboro.

Sí lo es, yo ingresé en primer lugar a mi facu.

¡Oh! ¡Bravo Peter, bravo!

Son 11:30 me voy.

Bueh… yo también, quiero ir a lo de Silvia y Marie.

¿No eran tres tus nuevas amiguitas?

Lorie viajó a su casa. Sólo vino 15 días. Le falta un año de cole. ¿Vienes?

No, no, me voy no más.

Bueh…

 

 

Peter, Vero, les presento a Doris, ellos son mis amigos y parte de lavanda.

¿Parte?, en voz baja Vero dándole un codazo a Peter.

Hola, con las sonrisas mal pintadas en la cara. Lo suficiente para ser diplomáticos pero no para llegar a ser hipócritas.

Peter le enseña a Vero a tocar el teclado también, así que pronto se irá del grupo, bromeo Aragón.

Ja ja, que gracioso Alex, me parto de risa, mira, sarcástico y fastidiado Peter, aparte a Vero: ¿qué se cree este huevón?

Déjalo, yo me encargo, también en voz baja. ¿Me acompañas a buscar hielo, Alex?, con una pregunta que era más una orden.

Ya en el kitchenet: ¿Qué tal?, preguntó él buscando la aprobación de su amiga.

¿Que qué tal? A leguas se nota que es una tarada.

Hey, no seas así, ni la has tratado, ofendido.

No necesito hacerlo. Créeme. Tengo ojo clínico. Yo sé de estas cosas. Deshazte de ella antes que ella nos deshaga a nosotros.

Bah, exageras, estás celos, pero yo siempre te voy a querer.

Calla idiota. Es mala sangre. Nos va a dividir, nos va a matar.

Oye loca, no te rayes, ¿qué te pasa? Exagerada esotérica de mierda, dale una maldita oportunidad, y salía dejándola  melodramáticamente pata reunirse de nuevo con Peter y Doris en la habitación.

Recordarás que te lo advertí, ella como para que sólo él pudiera oírla bien.

Se mordió una uña y empezó a sacar hielo para el trago.

¿Coqueteando?, se introdujo en la conversación, y aunque no se percató, Peter sí. Doris se había sonrojado ligeramente, como si hubiera sido atrapada en falta.

Al fin que Aragón era interesante, pero Peter era el guapo.

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Índice

PARTE UNO

1 Quince Minutos

2 Inicios

3 Psycho

4 Doris Batista

5 Ouija

6 Tu rastro en la lluvia

7 La Cueva del Hombre Murciélago

8 Greek Élida

9 Otras Vírgenes

10 La Sajona y el Extraño

11 Retoma

12 De las tres marcas: Primera

13 Breve Glosario de Ideas y Plagios

14 Canción de Amor

15 Reflexiones del amor ocioso

16 Demasiada información

17 Infantes Espectros

18 Trascripción

PARTE DOS

19 In Memorian

20 Una de Navidad

21 Alma de Mar

22 De la Salamandra y otros bichos

23 No significa nada

24 De las tres marcas: Segunda

25 Plascevo

26 Última de Navidad

27 Carta en Rojo

28 Carta en Azul

29 Confesión y Fin del Color

30 El principio del Fin

31 San Telmo

32 Affair

33 Última Marca

PARTE TRES

34 Post Factum

35 Juanito y las Habichuelas de Marihuana

36 El Capítulo Siete

37 El Elegido

38 Un “Happy End”

39 Lamerte los labios

40 Cuatro Palabras

 

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