La caída y la resurrección

El problema estaba en que creía tener la razón, se cerraba y no escuchaba a nadie.
Y lo más grave era que juzgar así a las personas le hacía notar que padecía de manera irremediable una amor ciego por toda la mierda que odiaba. Y por la no mierda también.
En las noches a veces cerraba un poco la luna para que no le viera llorar, y al amanecer se despertaba sin recordar porque estaba con la cabeza sumergida, literalmente, en la almohada.
Recordaba con una sensación de amargura en la lengua las veces que se había resignado a dejar que ella fuera como era.
No lo entendía. No podía. Ella se lo había escupido un millón de veces. Tú no entiendes nada. Y parecía que cada vez que el hablaba las cosas empeoraban. Hablas demasiado. Nunca sé que es lo quieres decir. No entiendo lo que dices. No lo entiendas…. ya fue.
Las conversaciones siempre le cerraban las puertas y era una necesidad más grande que el sándwich ese que compró alguna vez en Roissy, donde dicho sea de paso nunca había estado, pero que conocía tan bien…
Abrígame, ordena con voz de esas que te hacen repensar las cosas.
Mierda… un pan con una carne sazonada de manera extraña. Mierda… ¿qué le ponen a estos emparedados? Debí pedir un croissant que es lo único que conozco de estos franchutes.
Ella le había pedido que le agregara a la red social, o en todo caso que le aceptara porqué él nunca mostraba nada a nadie que no estuviera en su lista de contactos.
Evento: hoy te parten la madre y te dicen machista de mierda.
Y el sabor del sándwich ese, el indefinible que nunca se acaba. Debía ser más temprano y más chico.
Chico como cuando se cuelga del brazo de ella silbando al tamaño natural pero se encoge terriblemente cuando le dice para de silbar ¿qué te crees? Te encanta llamar la atención.
Y sí. Le encanta. Pero no lo hace de malo o pensado. Es una necesidad. Una necesidad tan grande que no puede acabar de comer esto.
Y… ¿Y para qué compras un sándwich tan grande pues estúpido? y encima te pones a silbar… te sobra el tiempo, ¿no?
No, no me sobra el tiempo, es una necesidad.
Necesidad es como justificas tus estupideces. No me agredas.
Agredir… nunca te agredo.
Me agredes con tu inconstancia. Me agredes cuando no me das lo que espero de ti. Lo que sin decir palabra prometiste per secula seculorum. Cuando queda todo devastado a tu paso. Cuando hablas y escribes. Cuando haces esa mierda a la que le llamas música. ¿ Realmente crees que a tus amigos le gusta eso? ¿Realmente crees que tienes amigos?
¿Realmente tengo amigos? ¿Alguien que se preocupe por mi?
No te aceptas. Los amigos no son esclavos ni mascotas. No son vasallos. No tienen porqué estar pendientes de si te tiras o no un pedo.
Pero yo necesito decirle estas cosas a alguien. Tu no entiendes.
Nunca entendía. Y se cerraba. Creía que todos estaban en contra. ¿Cómo saber a donde ir o con quien hablar?
Fácil, empezó a escribir en un blog…
¡Total!
El problema era que tenía la razón, y los demás no le escuchaban… ni le decían.
Cirugía, qué miedo
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