Historia para un Blue Cat

Este cuento lo escribí en 1990. Creía entonces que el amor entre dos personas era capaz de romper cualquier barrera y vencer cualquier obstáculo si era real.Han pasado 20 años y el desengaño me hace ver que ser testigo de la inhumanidad de la bestia homínida no debió comprometerme ni a favor ni en contra. Ahora, con paz y cierta desazón por la inocencia perdida, veo que es mejor ser un espejo. Habrá quienes crean en el amor y la dignidad humanas. Yo al descreer dejo de ser lo que idealicé alguna vez. Y con lástima veo que de una u otra forma la bestia tiene las de ganar y ni siquiera es consciente de ello. Es parte de la envoltura. El humano… es solamente un mito.

noviembre 2010.

Blue Cat

 

332/90

 

Hay un mito.

Un mito popular tal como que pasar por debajo de una escalera o que se cruce en el camino de uno un gato negro trae mala suerte.

Bien, no se hasta que punto sean ciertas o falsas estas creencias, lo que sé es que a los gatos hay que temerles, cualquiera sea su color.

Yo particularmente les detesto, sea de día o peor aún de noche; no soporto tener a mi lado a uno de estos felinos con sus ojos fríos, enigmáticos e impersonales.

Siento deseos criminales y si pudiera los mataría.

Les detesto, sobre todo cuando abren su hocico y se puede ver dentro de sus satánicas fauces, como si fueran un arsenal de armas blancas, como sables y cuchillos, como afilados puñales esa colección de colmillos y desgarradores dientes que las adornan, brillando como sus refulgentes ojos.

Son realmente demonios.

Fue eso lo que más asco me dio de este viejo libro que saqué de la biblioteca: No fue fácil, no …

 

– Hola Derek, ¿Qué fue?, ¿te aceptó Carmen?

 

Carmencita era una preciosidad.

Tenía ese andar suyo de gacela en el que movía hasta el último hueso de esa estructura ósea recubierta con la cantidad justa de tejidos donde debía.

Yo la había conocido hacía un par de meses en la clase de debate que llevamos juntos en la pequeña Universidad de Brefo.

Me cayó tan bien que inmediatamente le propuse salir juntos, a lo que respondió con una negativa.

Sin embargo, y con no poco esfuerzo, conseguí me tuviese confianza, y salimos un par de sábados a bailar.

Por ese entonces fue que llegó Carlitos, mi mejor amigo en la preparatoria.

Carlos es todo lo que cabe esperar del típico estudiante perfecto.

Era alto, de finas facciones, trato carismático y amable, un genio en matemáticas y ciencias, y como si todo lo dicho fuese poco, un olímpico deportista, sobresaliendo en baloncesto.

Lejos por eso de ser pedante o altanero, era cordial y amigable con todos, lo cual atraía la simpatía de alumnos y docentes.

Siendo yo su mejor amigo, estaba orgulloso de él, y también agradecido porque me ayudaba en los cursos, me daba sanos consejos acerca de mi disipada conducta (aunque esto le divertía enormemente) y me sacaba de líos.

 

A esta altura ya todo le llamaban “Carlitos” cariñosamente como una broma por su grandioso y proporcional desarrollo físico.

Cuando llegó a Brefo lo presenté a todos a mis conocidos y amigos, incluyendo a Simón y Carmencita.

Con todo siempre me dedicó su especial amistad.

Creo que allí empezó todo.

Cuando le presenté a Carmen quedó embobado de tal forma, que no pude menos que enorgullecerme.

Pensaba “Tengo un gran amigo y una futura, hermosa e inteligente novia, ¿Qué más puedo desear?”.

Pero alto.

Hice planes antes de tiempo, y noté un cierto alejamiento por parte de ambos y quedé solo con Simón, quién me insinuaba la relación entre Carlos y Carmen, pero lógico yo no quería ver lo evidente, eran tal para cual.

Y llegó el desenlace, yo le iba a pedir a Carmen que fuese mi enamorada.

Recuerdo esa imbécil y estúpida noche de sábado en que fuimos a “Ernies”, un bar con buena música, pista de baile, pantalla de videos y vídeo juegos, estaba muy de moda.

Me costó mucho convencerla a ir conmigo, mas lo logré.

 

Para colmo de males le compré a Simón un anillo para Carmen y él no me dijo que lo obtuvo como obsequio por la compra de una gargantilla.

Llegó el momento.

– Carmen -dije acariciando en  mi bolsillo la caja que contenía el aro- sabes lo que siento por ti, y créeme, también sé lo que tu sientes, para que engañarnos…

– Cierto -me interrumpió ella, ante mi asombro agregó- no debemos engañarnos, sinceramente no creí que fuera tan fácil y temía herirte, pero parece que lo comprendes todo tan bien- dijo con su hermosa sonrisa – Estoy enamorando con Carlos y me alegra que lo comprendas…

No pude oír más.

Supongo que no soy el primero ni el único que pasó por esto.

Pero todo me parecía un sueño.

La caja y anillo rodaron de mi mano al suelo recuerdo vagamente como después la tuve en le bolsillo.

Veo al mozo dándome algo, y yo agradezco mecánicamente.

Veo como a través de una nube a Carmen que me pregunta si me siento bien.

Reacciono y acaricio la caja del aro queriendo sea la culata de un revólver.

Me maldigo interiormente pero respondo sin afectación visible:

– Lo sé, lo sé- mientras esbozo mi mejor sonrisa falsa – ahora todo es mejor. Tu sabes, él no es de acá, y una compañía especial es siempre buena – no resisto más- ¡Oh! La hora, discúlpame un instante, debo llamar por teléfono.

 

Fui al baño.

Estaba furioso conmigo mismo.

Tomé aire y regresé a mi mesa.

Desde allí la vi en la pista bailando con Carlos, como si rieran (cosa que no hacían), bailaban abrazados así que pagué y me fui.

– ¡Derek!, ¿te aceptó o no? – insistió sin saber Simón.

– No, no me declaré- le respondí casi gritando, – y toma tu estúpido anillo: está con Carlos, lo ama  a él ve y dícelo a todo el mundo.

– ¡Hombre!, no es para tanto, hay otras chicas.

¡Claro!, siempre había otras chicas, pero eran otras, yo quería a Carmen y nada más.

– Bien, vamos a clases, ya es hora- dijo y se acercó a conversar con otras chicas rumbo a la clase.

– ¡Hola Derek! – llamó la hermosa voz detrás mío.

-¡¡¡Carmen!!!

– Sí, Carlos y yo nos preguntamos dónde podías haberte metido en la noche y todo el domingo de ayer, – fuiste a telefonear y ya no te vimos…

– Este…, claro, ¿sabes?, me sentí repentinamente mal y estando ya tu en buena compañía…, además como te dije tenía que estudiar… para hoy- dije entre balbuceos- disculpa, corro a mi examen o no llego- termine gritando a toda carrera y tropezando al subir las gradas rumbo a mi clase.

Ya en el aula me llamaron la atención por no prestarla.

Pero cómo podía yo pensar en nada sino en Carmen y Carlos ?!

¿Cómo trataría ahora a Carlos?

¿Con rencor?

La verdad es que él no sabía que yo la quería para mí, y no me traicionó, él no sabía nada.

Bien, la situación seguiría como si nada hubiera acontecido.

Yo sabría disimular.

 

 

Pasó una semana, sin embargo ya nada era igual.

Eran ellos dos, y aparte yo.

Sin embargo Simón advirtió mi pesadumbre, y una vez en privado sacó a relucir el tema.

– Hombre si estás tan obsesionado usa magia…

– ¡Si claro!, Abracadabra ven a mi cama…, no seas imbécil.

Terminó en otra discusión inútil.

¿Inútil?, obsesión, magia…

Después de todo valía la pena intentarlo.

¿Cómo era eso de “en la guerra y en el amor…”?

 

Así fue como me hice con este libro “Ocultismo, Magia Negra y Ciencias Relacionadas”, rezaba el título del negro libro con gatos en la portada.

Ese gato horrible como un demonio en alto relieve.

Hojeé el índice “…mm…dinero…mm mm – no me interesa por el momento – mm… negocios… salud…m…amor…¡AMOR!- eso es- a ver capítulo 7 -vaya el 7 fue siempre mi número favorito.

 

“Entonces se pondrá la foto de la persona amada (debe ser una donde Carmen aparezca sola, para no disminuir la fuerza del hechizo, el libro no lo dice, pero es mejor), en medio de los dos espejos que estén viéndose entre sí, con el espejo denominado macho (el más grande) viendo a la vez por donde se pone el sol.

La vela, nueva y perfumada se pondrá sin otro soporte mas que el de su propia cera, detrás del espejo hembra.

Luego se fumará un cigarrillo negro de propia fabricación, o el primero de una cajetilla nueva, se encenderá la vela y se fumará íntegro con el mismo fuego, es decir, no se dejará que se consuma solo.

Mientras se fume se echará el humo sobre la foto repitiendo en alta voz el nombre de la persona amada.

Cada vez que se eche el humo a la foto, se agregará el mantra ven a mí”.

 

¡Eso era!!!

Me fui a conseguir todo lo que necesitaba.

Vela, foto… ¡FOTO!!!, yo no tengo fotos de ella.

Me las arreglo con una foto de la fiesta del primer baile semestral.

Llego a casa y me encierro.

Empezó el hechizo.

 

Cuando hube fumado ya más de medio cigarro me mareo, mas como estoy decidido a todo voy a seguir.

Fue entonces que me pareció que la foto lloraba, me dije idiota, y lo atribuí al mareo, creyendo que lo imaginé.

Entonces el reflejo en el espejo pequeño se deformó dando imagen a Carmen por sobre las demás gentes en la foto, maldición, sabía que debió haber sido una foto de ella sola.

Y el reflejo habló:

 

– No Derek, no es tu imaginación.

– ¡Carmencita!!!

– Sí, soy yo – me dijo llorando – jamás pensé que harías algo así, ya nunca más podré verte a los ojos, me repugnas, ¿no te das cuenta?, eres un miserable y egoísta ser sin escrúpulos.

– Pero yo, Carmen óyeme…

– ¿Qué me vas a decir?, ¿otras mentiras?, ¿otras estupideces?, ¿quién te crees que eres?

– Fue muy difícil, pero es que yo te amo, sólo quería que fueras mía…

– ¡Claro tuya!, y así con brujería: ¿Es que piensas que podría amar a un ser tan egoísta?

– Carmen yo…

 

La foto lloró y lloró.

El humo del cigarro invadía toda la habitación.

Era tan denso que uno podía recostarse en él.

La imagen de Carmen empezó a cambiar en uno de los espejos.

Sí, la imagen en uno de los espejos, no recuerdo cual, ya no era la de Carmen, sino era la de Carlos, y me invadió una profunda vergüenza.

 

– ¿Qué has hecho? – yo sólo pude bajar los ojos – ¿Por qué me has traicionado?, caray, y yo que siempre creí y confié en ti. Si te molestaba algo ¿por qué no lo dijiste?, ¡Claro!, total eres tan falso que jamás hablabas traidor.

– ¿Y tú?, ¿tú qué?, te traje aquí, te convencí a venir ¿y?, tu me la quitaste, ¿qué me recriminas ahora?

– Sabes bien que no, no te pedí venir, y tu nunca me dijiste nada acerca de lo que sentías por Carmen. Yo siempre te aprecié, cuando necesitaste mi apoyo te lo di, cuando quisiste un consejo no te lo negué, “te defendí como a un hermano”

“Me quedé ayudándote para los exámenes y tu ¿qué haces?

“Noche tras noche, tormenta tras tormenta, cada problema, cada pequeña cosa, sin importar el tiempo, estuve a tu lado, ¿para esto? – yo me sentía venir abajo – Pero sabes igual que te perdono.

– No necesito tu perdón – estallé.

 

El maldito cigarro me asfixiaba y rodó finalmente de entre mis dedos, quise pisarlo, apagarlo, pero no podía pese a que vi la brasa naranja brillando entre la espesísima nube de humo que se extendía invadiendo todo, y cuando la pisé, me di cuenta que eran los ojos del gato en alto relieve de la tapa del libro de brujería.

 

– Dios, ¿qué pasa? – fuera del dormitorio.

– ¡Traidor, cruel, traidor…!!! – me gritaban los espejos.

 

El cigarro rodó hasta llegar a la foto que comenzó a arder rápidamente.

 

– ¡Abre la puerta Derek!, ¡Fuego! – oí a mi hermano gritar tras la puerta – ¡Incendio!!!

 

Yo corrí a abrirles y no pude.

Encima de mi cama había un espejo y de este salió una mano (?) que me asió por el cuello y me introdujo en él.

Me absorbió.

Se abrió la ventana, y el viento se llevó las cenizas de la foto.

Empezaron a empujar la puerta, parecía que se venía abajo.

El viento hizo caer los espejos y estos se quebraron, en tanto el humo se disipaba rápidamente.

Finalmente se abrió la puerta.

 

– ¡Derek!!! – gritó mi padre – ¡qué raro!, no hay nada, no hay fuego, no hay Derek, sólo esta ventana abierta, seguro que por aquí entró el humo de algún otro sitio.

– ¡Aquí, aquí!!!, ¡Padre!!! – gritaba yo en el espejo.

 

Y aunque mi voz sonaba fuerte y con un eco cavernoso, repercutiendo increíblemente en el vacío, nadie me oyó. Nadie.

No sé hace cuánto estoy aquí.

Es raro, sin frío, sin calor, ni nada.

Ni hambre, ni sueño, sólo angustia, y las paredes blancas que realmente no existen y que puedo traspasar.

Gente que tampoco me ve y que se asusta cuando tiro algo.

Debe ser el infierno.

Lo único que tengo aquí y que no puedo usar es esta estúpida caja de cigarros y estos trozos de cristal de espejo.

Hoy me asomé por el espejo de mi sala que para mi es como una ventana.

Mi madre aún llora mi ausencia.

Creen que me he fugado huyendo de una depresión, o que me han raptado o matado.

Nadie sabe nada de mi.

¿Nadie?

No, falso, hoy vinieron a consolar a mi madre Simón, Carmen y Carlos.

Conversaron mucho acerca de mi.

Luego se levantaron para despedirse y marcharse.

Carmen se arregló frente a este espejo, y pasándose un dedo por la garganta, sonrió, guiñó un ojo y me mandó un beso; por detrás se acercó Carlos e hizo el ademán de tirar un puñetazo contra mi y romper el espejo.

Pero no lo rompió.

Quizás hubiera sido mejor que lo hiciese.

 

El sol entraba suavemente por la ventana.

Era ese sol de 3 de la tarde y calentaba deliciosamente a la dulce anciana que controlaba la biblioteca.

El joven, casi un niño, debería tener unos catorce años y al acercarse con el gran libro negro a su espalda, parecía algo avergonzado de solicitarlo.

No quería que la gente pensase que era supersticioso.

Finalmente lo llevó donde la viejecita y ésta llenó la ficha de cargo, el joven firmó.

– Gracias señorita…

– Carmen – contestó – señorita Carmen.

 

El gato de la tapa le guiñó un ojo y ambos sonrieron…

 

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  1. #1 por http://www.peekalum.com/LumFamily/index.php?album=adults&image=JC-F1.jpg el octubre 2, 2013 - 6:44

    That is a really good tip especially to those fresh to the blogosphere.
    Shoret but very accurate info… Many thnks for sharing this one.
    A must read article!

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