Mortem

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Yo, no es que quiera no conversar, si no hablar.

No quiero abrir la boca ni mi ojo derecho, derecho…

Es que duele casi como toda herida que no puedo ver pasar sin sufrir un poco, ¿entiendes?

Y tú, ¿por qué no quieres hablar?

La cerveza me arde y háceme doler la tripa, quema y pesa, y además odio las aceitunas.

Y ayer tuve un sueño que te estuve contando. Morí por un rato. Lo habitual.

Y no sé más.

Luego soñé toda la noche. No descansé nada.

Insisto, creo que morí.

Entonces apareció.

Pero esto es después.

Yo sólo recuerdo en mí que desperté haciéndote el amor en otro sueño.

Pero éste era diferente, más aun, y parecido a como cuando morí.

Porque realmente morí.

Abjuré de todo, de mi dios, de Dios, de ti y de los hombres.

Ayer sólo quise pelear contigo, y no quería conscientemente y no lo hice.

Pero cuando iba a tu casa yo ya no quería nada. (¡Cuántos los que de mi dicen: Dios, ya no quiere saber nada! ¡Levántate Señor! ¡Sálvame Dios mío!*)

Y creo casi odiaba. Odiaba todo.

Tanto como aquella otra vez, y eso causa pena. Una gran pena de llorar.

Bueno, yo soñé.

Todo era un sueño en mis cuadernos.

No te culpo si ya no quieres leerlo.

Claro que luego yo te lo reprocharía (¿?)

Pero no te culpo.

Yo no soñé esto.

Esto lo viví anoche, cuando éramos uno y no dos. Yo me vi en una obscuridad absoluta. Yo había muerto y muerto estaba.

Sin miedo al principio. Con pena, y pánico después. Sólo que yo supe…

Era todo muy obscuro y yo sentí esa respiración en mi cuarto con llave.  Yo no sé si los demás lo crean, pero yo pensé “mierda, ¿quién se ha metido?”.

Antes yo había renegado de Dios.

Yo que me atreví a desafiar a Pedro y Adán.

Pero seguramente así también estuvo escrito, y no soy yo un santo, pero pensé que entro alguien en mi cuarto sin derecho, derecho…

A mi santuario.

Y me enfurezco.

Primero traté de abrir mis ojos y no podía. Eran de plomo y no se podían abrir por nada.

Me dio miedo y recordé lo de los otros cuadernos y las cosas que sentí antes sobre la muerte, la inanición y la pelea; pero siempre se combinan.

Y esta vez yo había peleado con el Creador y Criador.

Y entonces temeroso abrí los ojos y lo que vi fue esto: [hábito de fraile, la capucha y las sombras no dejan ver la cara,  no se ve si hay alguien o no, pero parece con forma]

Y mi susto vestía jean azul y una especie de sotana entre morada y negra.

Yo dije “¿Por qué no como en dinosaurios? Como un pasaje entre nubes claras” pero no era Zodonegro y con ese personaje mudando y exprimiendo toda la luz de mi habitación.

Yo sentí miedo y me dije lo justo es lo justo, y justo es que no camine entre nubes sino que en cuarto obscuro esté. Y así como supe que sería con las otras tres experiencias anteriores, supe que era otro tipo  de muerte.

Excepción.

Luego sonó el teléfono, y como las otras veces quise gritar. Gritar muy alto, y no pude.

Luego sonó otra vez el teléfono.

Y por fin pude romper el encanto y abrir los ojos.

Y cuando los abrí hubo miedo.

Y tuve que abrir la puerta, sacar lo que no era mío y por fin dejar la puerta abierta a los ruidos y luces molestas que quitan el sueño, para poder conciliarlo y dormir.

 

(la noche del 9 al 10 de julio de 1993)

 

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