Salta, sé feliz, intenta… para qué fingir, no vale la pena (*)

Sueltas y mandas… A veces te puedes arrepentir, y regresas y antes que nadie haya visto nada lo deshaces. Como quien deshace una historia, un trozo del camino, una vida… Y entonces es como renacer por un rato, hasta volverlas a cagar… que para eso estamos ¿no? Y es que nunca aprendí a morderme la lengua. Esto fue bueno, pero fue más malo A veces lo mandas y no hay chance de eliminar…

Las cosas se quedan allí. Y entonces te entra esa suerte de arrepentimiento. Pero ni modo. No me puedo desvivir en evitar los errores que de a mil vienen.

Y sabes que es mejor así

Disparar y razonar en el instante que existe en el recorrido de la bala y llegar a conclusiones precisas de lo que en verdad se siente antes que se transforme al mirada en rojo.

Late un instante en una eterna visión de lo equivocado.

Sueltas y mandas… porque es la única forma que conoces.

No es tan fácil ser. Sale natural. Cada error. Cada despedida.

Cada cosa que ocultas porque es mejor así y te guardas tanta mierda bajo la almohada que en las noches no puedes dormir de la incomodidad del bulto.

Cada instante que piensas NO y ya es tarde, y la bala salió y despide un suave aroma azul, sí Percy, siempre azul, como las salamandras.

Cada viaje solitario a ese desierto urbano arriba, donde la lluvia forma ríos que te entumecen el alma, porque de otra no hay, porque la gente se va, porque al final nadie queda.

Cada mirada al vacío con la angustia apuntalando la invisble columna que te sostiene, pero que más tarde o temprano se derribará para finalmente descansar…

Cada día de rutina, y regresar a romper alguna maldita cosa, a quemar un maldito espacio, a destruir algo antes que te destruya a ti…

Y cada sonrisa ajena como un estímulo efímero y a la noche volver a endurecer la mirada contra el vacío mientras se queman los dedos con el plascevo que inhalas…

Todo ese gris panorama se te presenta como ser. Y eres.

Y entonces no hay tiempo para pensar demasiado. Simplemente mandas.

Mandas antes de arrepentirte que si no luego no tiene gracia la angustia.

Sueltas y caes, sin malla de protección que por suerte nunca supiste hacer malabares…

Y en el aire se retuerce el cuerpo presa de mil intentos de aprender a volar.

Se retuerce y se desarma para volverse a armar, y el único consuelo es que la caída amplia, amplia…

Alcanza para en todo esto pensar

Que racional, que civilizado, que american way life.

No te odio, pero que fácil sería.

Así que sueltas “zorra” “no jodas” “vete a la mierda” “…”

Sueltas y mandas

Mandas y no hay retorno.

No existe el erase and rewind.

Cae el payaso al vacío.

Y un poco de arrepentimiento

(*) A punto de caer – Ch. García

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