AdC3 El horrible espejo o el amor flatulento

El viento sopló poderoso como el gorjeo de un fénix.

El amor flatulento se desperezó y los brazos al sol elevó una antigua plegaria rumbo al sol.
¿Cuánto he dormido? se preguntó.
El viento empezó a formar remolinillos en la arena, despeinó algunas dunas y les cambió el sitio. “I love seventeen, I love Seventeen” los headphones conectados al mini radio en el vocho gemían.
“Esto es la playa, la gran playa de lo que fue un gran club, estamos transmitiendo desde los 108 km fm, es un día soleado en la cuidad playa y no hay amenaza de meteoritos el día, la tarde  veremos….”
La sudorosa y poderosa musculatura de Raffo, se elevó del reclinado asiento. Volteó la mirada y vio que ella no estaba en el asiento del copiloto. Levantó las infaltables B&L para poder ver con mayor claridad, pero el salvaje e infame brillo del espejo de lo que no queremos ver le cegó momentáneamente. Vio la hora en su impecable Patek Phillippe y se preguntó a que hora regresaría ella del mar.
“y encima esta porquería ni tiene una buena ventilación…, hippie de mierda…” Pero es importante darle gusto a ella. SIEMPRE, no, no siempre…
el viento, a falta de sapos tomó valor y se animó a empujar una pluma. Una pluma blanca en apariencia, pero que si se miraba bien tenia un borde gris rojizo … quemado…. La pluma le cayó en los ojos, lo que aunado al calor lo fastidió totalmente. Pero él era realmente una buena persona. Trató de levantarse y maldecir, pero se controló.
La llamó suavemente por el nombre que la conocía.
Ella caprichosa le gritó que entrara al mar, que era delicioso. Él había trabajado mucho en sí mismo para no defraudarla. Ella se merece lo mejor, SIEMPRE, no, no siempre…
Pero Raffo es un gran tipo y siempre se lo da. Se acercó a darle un poco de alegría, tal vez el mar lo refrescara de esa pegajosa mañana. Se acercó, entró al mar.
Ella le salpicó agua. “Rayos, sabes como detesto esto” pensó él, pero no dijo nada, levantó el rostro y sonrió.. No estaba tan mal tampoco… corrió hacia ella la tomó de la cintura, la alzó mientras los desnudos pechos de coral brillaron congelando el cuadro. Una pausa enorme… el espejo se quedó estático, el viento dejó de soplar, él, con la sonrisa congelada en el rostro, silencio… silencio…
Y en el cielo, un pájaro con un trozo de manzana podrido en un pico naranja descenció velozmente, en las patas tenía unos zapatos, viejos, desgastados como sus plumas, ahora grises con los bordes rojizos…
Y se reventó contra el mar. La ola cobró vida, y todo alrededor respiró de nuevo.
Qué fue eso preguntó la mujer, y él vió su rostro de niña, de bebé, de anciana, de madre, de tantos años-años…, pero Raffo no se percató de eso. Era bueno pero esas cosas se le escapaban.
Se le escapaban pero igual contestó “Eso es una pájaro que debe haberse estrellado contra la mar”
“Por qué haría eso?”
“…tu lo sabes, tu lo sabes, tu love sabes… you love seventeen…”
Pero Raffo dijo “tal vez murió en el aire”
y aunque pájaro sabía que tal vez no la oiría decidió pedirle a Alá e insistir desde el fondo de su piel… “…tu lo sabes, tu lo sabes, tu love sabes… “

pero como pájaro sabía que si no era entonces no habría una nueva oprtunidad para hablar con ella se arriesgó,

“Cuánto tiempo he domido?”
De que hablas?” dijo Raffo, que empezaba a fastidiarse de no entender nunca esas cosas.
“Cuánto tiempo he dormido?” insistió ella, y se echó a llorar, de a poquitos, no tanto, nunca mucho. Pero sus lágrimas llenaban el espejo y no se distiguían de él.

 

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