foro Gráffika (uno de veintitrés)

Desdobló la entraña y se arrellanó en la sospecha.

Sabía que el tiempo le haría olvidar los llamados pelos y señas, pero la sensación inembargable de tristeza que anidaba en su alma quedaría como una marca indeleble a pesar de sus esfuerzos.

Se dirigió al baño. La náusea le invadía y el vientre le quemaba.

El abandono, como una bofetada, se reflejaba físicamente en la inconformidad gástrica avivada por el alcohol, bombero de las llamas del dolor.

Inmisericorde el campanilleo del teléfono la incorporó antes aún de terminar de inclinarse sobre el pocillo de los postres fecales.

¿Aló?

¿Has visto el noticiero? Están pasando una nota sobre tu presentación de anoche.

No. Han cortado la luz. Es un apagón en toda la manzana.

¡Nooo! ¿Cómo…?

Hace ya media hora, dijo mientras consultaba el salpicado reloj pulsera.

Las criminales puntas de las agujas las sentía como clavándosele en la boca del estómago, y su andar circular, ese andar ciego a ningún sitio, reavivó el vacío provocándole una nueva arcada. Sintió el vinagre de la cruda en la boca y las narices. Lagrimeo por el dolor cómplice del brillo colgante del sol de las 8.

¡Qué mala suerte!, sonó la voz.

¡Así es, querida! ¡Piña!

Bueno Suzzane, si lo anuncian para transmitirlo de nuevo te lo grabo.

CLICK.

De pronto Jesús despertó y se dio cuenta que había mucha gente que le adoraba.

‘¿Qué sucede?’, se preguntó al verse rodeado cual rockstar de moda, de incondicionales fans, ¿Será algo que he hecho o dicho?

Alzándose sobre las puntas de los pies y sintiendo el áspero stipes rozando su espalda, empezó a recordar.

‘Por lo menos aquí se está fresco’ y se durmió.

Al siguiente día, a las 6, vio de reojo aparecer un hombre de rostro cetrino, por una puerta lateral detrás suyo.

Éste avanzó, abrió unas cortinas y unas pequeñas ventana sobre unos vitrales, y por fin, Él, la luz viviente, vio la luz.

El contexto que le hizo saber de su incidencia en la adoración por parte de los fans, lo constituía un altar a sus pies, la preferencial ubicación en el centro de la cripta, las velas y el cirio principalmente.

MENTIRAS.

Él tiene una relación tediosa y odiosa.

Realmente detesta a su mujer pero por alguna razón no lo sabe.

Hay un vendedor afuera en la esquina. Con su mercancía deambulando para satisfacer a los fumadores.

Suceden cosas y sí, las nota. Pero ha pasado tanto tiempo y tanta es la costumbre que no sabe que hacer. Entonces decidió escribir la novela. Esa en la que le sacó todo en cara y dónde el pudo marcar la baraja. Por ejemplo, la vez que fue a buscarla a sus clases de cómputo. Buscaba el nudo para su novela. Y decidió matarla.

En la esquina el semáforo parpadea y se apaga, pero al cabo de 3 segundos vuelve a funcionar.

Matarla en la novela sería como un rito.

Las 18:35. Faltan todavía 10 minutos. 10 largos minutos. No la espera más y sale. Tiene una idea en la cabeza. Algo que está ahí. Jodiendo más que el recuerdo de lo que aún no sucede. Sale del instituto sin esperarla más. Tanta espera en vano. En vano por menos de 10 minutos. Sale con esa idea en la cabeza. La de la novela. La de matarla. Sale del lugar pensando en ese capítulo. Pensando que pueda ser el capítulo final de esa novela inconclusa. Sin epílogos ni conclusiones. Marcando las cartas.

Las luces de los coches se reflejan en el agua sucia que ha lanzado el vendedor de cigarros al pavimento.

Pensando en el capítulo más importante de su libro y de su vida voltea buscando al vendedor. Necesita reflexionar y un cigarrillo siempre le viene bien para eso. Son ideas suyas. Voltea justo al ver un reflejo de la luz de un coche sobre el agua en el piso. El semáforo finalmente se apaga del todo. Se distrae cruzando la pista. Y entonces pasa el camión.

Algún sarcasmo de la vida. El producto, algún nombre o dato hacen que la evoque en su agonía.

Se empiezan a acercar los curiosos. El vendedor, que no ha visto realmente nada, se hace de la atención general narrando lo que ha sucedido.

El sólo pensaba en ella, pero al final, en un último esfuerzo logra ver el techo de la cripta al final de la cuadra. ‘Jesús’ piensa, pero de sus labios surge Suzzane.

Corre su sangre y se mezcla con el agua en un charco insano.

NUDO

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