foro Gráffika (tres de veintitrés) Notas Autoadhesivas

¡Ya me cagaste! A tal punto que ni siquiera tu lapicero he querido usar para escribir esta nota. ¿Cómo puedo detestarte tanto? ¿Qué deberé hacer ahora?

Espero.

Siempre espero. Espero que llegues de los eventos. De la agencia. De los viajes. Espero tus impuntuales llegadas a nuestras citas. Espero que te calles mientras veo el fútbol. Espero que este fin de semana no me pidas que vaya a tu casa a ayudarte a arreglar algo.

¿Cómo puedo ser yo tan estúpido de llegar siempre temprano? Incluso si quiero adrede hacerte esperar para que sientas lo que yo, incluso ahí ni te enteras, porqué tú llegas aún más tarde. Estoy hastiado de tus actitudes.

¿Recuerdas que hubo un tiempo en que estúpidamente pensaba que estábamos tan íntimamente conectados que creía que tu espíritu sufría y sentía igual que yo, y cuando inexplicablemente me sentía mal sospechaba que algo malo podía estar sucediéndote?

Pues ya no. Sé que ahora que sorteo mi alma entre todas estas penurias tu te sientes bien. No te enteras.

Cómo decía el Iona de Janoj Levin:” ¿Qué cola invisible más fuerte nos tuvo que pegar en una vuelta del camino?”

La felicidad no se compra pero sí los plascevos.  Ahora ganas muy bien. Ahora siempre hay trabajo. Entre las pasarelas y los escenarios. Es tu perfecta excusa para todo: tus presentaciones. ¿Qué puedo hacer yo, un inválido mental? ¿Cómo me voy a cruzar en el camino de la magnífica Suzzane Del Águila?

Era más fácil cuando sólo eras Susana Rodríguez. Una desconocida estudiante de actuación.

El estreno era a las 20:00. Son las 4. Han pasado ya 8 horas y no apareces. Mejor así. Ahora queda sólo el tiempo y el dolor. El dolor que se marchará con el paso del tiempo. Pero ¿cómo controlar esta tortura del intermedio?

Avanzó por la habitación con la paciente desesperación de un león enjaulado. Ella no llegaba nunca. Habían quedado que luego de la presentación se encontrarían para ir a celebrar. Había estado en su casa, y si se complicaban las cosas iba a regresar para que salieran de ahí. El ya la había llamado y estaba cansado de dejarle mensajes en el buzón de voz. Entonces vio el maletín Gucci que juntos habían comprado no mucho ha. ¿Por qué lo había dejado? Se lanzó sobre él y empezó a revisar los bolsillos laterales con mucho nerviosismo. Ya eran las 4:30 y no tenía idea de a que hora se animaría ella a venir, pero aún así se sentía observado. La consciencia le hacía casi desear que en cualquier momento se abriera la puerta.

Sin ser religioso tenía algunas ideas fijas en la cabeza, y sentía que todos iban a ser castigados en algún momento por lo que hacían. Se movía más por miedo que por convicción. Sacó el paquete de Marlboro del bolsillo para fumar un pucho y tranquilizarse un poco. ¿Qué buscaba? No lo sabía.

‘Una prueba, algo que la inculpe’

Que la inculpe… de ¿qué? Tampoco tenía ni idea. En el bolsillo central encontró un llavero azul de goma que le había regalado cuando todavía ella no era nadie. Le recordó esa época y se sintió amargado. Sujeto el llavero -con dos llaves evidentemente de valijas y una de una cerradura que aparentaba ser de una puerta principal- al tiempo que sacaba un papel doblado. Ya lo iba a desdoblar para leerlo cuando escuchó el ruido de un coche acercándose a la casa. Dejó caer el llavero. Metió el papel a su bolsillo, y tiró el Gucci detrás del sillón. Espero. Siempre esperaba, ¿no?. Nada. Ni el sonido de los tacos ni el ron-ron del motor. Desdobló el papel. Era una nota de venta. La arrugó y la tiró en la papelera al lado del sillón del escritorio. Aguzó el oído en ese silencio magnificante de sonidos que es la madrugada. Le pareció oír tacos. Sus tacos. Esos sonidos antes lo habían excitado avisando de la presencia de quien, había creído, que lo amaba.

Nada.

Extrañaba su perfume. se agachó a levantar el bolso. Debía confrontarla. Definir la situación. Frente a frente. Insistió en esculcar el bolso. Encontró un labial, una polvera con espejo. Una cajita de Eve mentolados que a él le parecían ridículamente snobs. Su fotocheck y algunos tickets de avión.

Se detuvo en estos últimos y casi salta de alegría y rabia al encontrar que entre los tickets de Suzzane había uno de Julio Eduardo. Si ese marica era el encargado o su valet personal ¿no debía tener el los cabos de los pasajes y no ella en su bolso?

Pero había más, un portadocumentos con papeles de una Lucrecia Morrón. ¿Por qué diablos tenía los papeles de una Lucrecia morrón, y quién diablos era esta mujer?

‘¡Te cagaste! Creíste que me ibas a engañar maldita zorra, pero te equivocaste.’

¿Qué haría ahora?¿La enfrentaría? No. Todavía no. Tal vez julio Eduardo era su amante, pero no encajaba la Morrón. Tenía información pero era incompleta. Ella podría salir del paso fácilmente con alguna excusa. Debía sacar una copia y juntar más información. Pero ella no debería sospechar. Ya había sido bastante estúpida en dejar ese maletín en su casa. Prendió la computadora para escanear los tickets y los documentos. Vio la foto de Lucrecia Morrón. Extraño, la encontró familiar, pero no sabía de dónde. Era una mujer atractiva sin duda. ¡Qué raro que no la recordara! porqué sin duda la conocía de algún sitio. Pero cuando le gustaba alguien no la olvidaba. Conocía a las otras modelos y las recordaba, ¿no? Vanessa, Fernanda, la pelirroja sin pechos, la otra anoréxica… ¡Lucía!, Karina, Rafaella y Ma. Cristina. Estaba también esa flaquita… mmm, esa que fue una sola vez a la agencia… ¡Lorie! Hasta de ella se acordaba. ¿Quién era Lucrecia Morrón? ¿Por qué su cara le parecía familiar, y por qué no recordaba de dónde le resultaba familiar?

‘¿Y julio Eduardo? No se suponía que él viajara a cada evento… ¡Eso es! Con razón dijo que lo había llamado para que la recoja del aeropuerto y él nunca recibió la llamada. No figuraba en el registro de llamadas perdidas.

¿Coincidencias o hechos concretos?

Las 5 menos 5. Pronto amanecería. prendió otro cigarro. Scaneó los papeles y volvió a acomodarlos en el maletín. Ya no vendría. seguro lo llamaría al medio día y se excusaría. Sin embargo, se apresuró. Cómo con temor de ser atrapado in fraganti.

Abrió la puerta principal y salio a respirar el fresco del amanecer. El sol ya iba pintando incipiente el alba. Maldijó una vez más y le dio una chupada más al cigarro.

¿Qué nos pasa? Nos desgastamos. Ya no suceden las cosas bien y punto. Tú y todos tus compromisos y llegar tarde o no llegar, y no tener tiempo ni ganas de nada.

Estás cansada, lo sé. Pero también yo. Físicamente realizó un mayor desgaste cada día que tú. Ahora llegas y a cada proposición mía surge una negativa tuya. ¿Ir a bailar juntos? Un sueño. Que la prensa, que la gente, que los fanáticos y los fotógrafos… Y no estaría mal, de no ser que a los compromisos que vas sí que bailas. Bailas hasta en la tele…!!! Si es el cine, que ya viste esa pela en el vuelo.

No podemos pasear, ni reir, ni detenernos a oler una flor cualquiera, a observar una puesta de sol… si ni salimos. O es tu depa o mi casa. Simplemente caminar y fumar unos rubios estaría bien, pero tú debes descansar de la noche anterior para la nueva. Del viaje anterior para el siguiente. Y yo…, yo soy solamente un intermedio. Tu hotel local. Pero yo no puedo vivir sin alimentarme de aire, de ni aire: sonrisas, tratos amables, paseos, ni aire.

¿Qué nos pasa? Nada en común. A ti te pasa tu vida y tus cosas, y a mi ni mi resentimiento. 

Es pues mejor decir adiós.

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