Entremés bloggero (o como un título no tiene idea de cómo termina en la mesa)

Eüxeme

Eüxeme

Este blog resulta ser una ensalada de cosas, un “sancochado” diría el amigo Walter; una mezcla variopinta de cosas.

Y es que lo que escribo es lo que me da la gana.

Si hoy me levanté con una alucinada postura poética, escribiré los versos  más patéticos esta noche, o algunos que alguien considere brillantes o medianamente aceptables.

Si vi una burrada en los noticieros –siempre cuando veo los noticieros hay muchas burradas –eufemismo de estupidez- lo suficientemente irritante, o con un estado de ánimo particularmente irritado, entonces escribiré una perorata moralista que pretenda enseñar a otros el camino yeli yeli ya la la la, y una suerte de cosas que, debe saberse, las digo con profunda convicción y un deseo enorme que si alguien las lee piense como yo: ¿A quién le importa?

Y es que ser moralista…

Pero, a veces sale la bilis pura y entonces se justifica porque doy muestras de intolerancia ante tanta pelotudez –especie de contra eufemismo de estupidez-, y me siento satisfecho de sentirme indignado ante tanta m… -exceso del anti eufemismo) que, lamentablemente, sale de la boca de los tristes periodistuchos de la tele –salvo honrosas excepciones.

Hay otras ocasiones en que me asalta la nostalgia de otros días y el recuerdo se me emborrona entre los renglones, sale un “algo” personalista que requiere de mucha paciencia, un poco de conocimiento, y un atisbo de ilustración, para poder ser comprendido, y surge como una eclosión un cuento o narración con matices, que luego al releerlos, me gustan, y eso basta a veces.

Hay, también ocasiones, en los que pretendo comunicar cosas a manera de una transmisión que pocas personas pueden entender. Un código secreto en su propia revelación. Una inteligencia sutil -¿cuál no lo es?- cubierta de transparencia, con tanta inocencia que suena a artimaña.

Ya desde chico no me gustó creerme lo que me decían. La música se compone 2/4, en ¾ o en 4/4… y no tener la técnica me permite reinventar estructuras en las que me pierdo inexorablemente por el mero hecho de pensar que siempre debe haber una nueva forma.

A veces, esto me hace perder tiempo. Me explico, puedo ser muy hábil en matemáticas, a tal punto que si no me las hubieran enseñado desde niño en el adiestramiento escolar al que fui sometido, sé que igual las hubiera aplicado de una u otra forma.

Los pueblos precolombinos, por citar un ejemplo, no necesitaron conocer los corolarios ni teoremas, ni tan siquiera los números –como los concebimos nosotros, al menos en su presentación- para desarrollar sus cálculos matemáticos, tan impresionantemente manifiestos en su arquitectura, diseños, construcciones, etc.

Pero creo que empezar de cero me tomaría mucho tiempo, así que agradezco la implantación del ahorro de tiempo y esfuerzo en parte.

Me hace perder tiempo entonces el reinventar una forma de lenguaje, un idioma con una ecléctica mezcla de gramáticas prestadas, raíces y fonemas, y una serie de signos con los que se puede desarrollar de manera completa y coherente la transmisión de conocimiento y dato. El “euxemita”.

“Xeme dra caoxigen faii” El orden del universo se basa en su propio caos.

Pero ya nos comunicamos… por tanto un nuevo modo de lengua… ¿no es ocioso?

¡Ah!, viva el ocio, que nos hace razonar.

Y así hay ocasiones en las que planteo hipótesis teóricas sobre mis propias cavilaciones.

Y cuando ya se acerca el fin, cuando el stress de la rutina consuetudinaria y los problemas de la casa te obligan a buscar cuidadosamente los términos con los que expresarte, y esto se vuelve casi una tarea, y las deudas llegan a agobiarte, especialmente porque ni siquiera son tales, y cuando los tontos pretenden hacerse los “vivos” demostrando así su vileza e incompetencia, entonces escribo cosas como esta.

Pero escribir es mi destino. Aunque haga mil cosas diferentes, estoy obligado a escribir.

Y entonces la forma cede paso al fondo, porque no hay otro yo –(gracias a Dios), y lo que yo escribo es lo que soy. Y el fondo se regenera y degenera, se alimenta y se entrega, y se transforma en la indisoluble forma que lo denuncia. Pero, no. No todo está dicho.

(Gracias a ustedes).

A la mesa, la ensalada está servida.

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