Límite y libertad

Los límites de la censura, la autocensura y la libre expresión de la opinión.

Temas tan apasionantes como trillados. Aburridos e importantes.

Importantes sí, pero sólo cuando te afectan o son vulnerados de forma fehaciente.

Hay un tema de emotividad muy fuerte allí.

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Cuando el tema se vuelve sensible es que argumenta y se trae especialistas, y leguleyadores; y todos desarrollan una opinión que no suele tener más sustento que el de la ira, cólera, hígado o actitud con que se expresa.

Hay temas -casi no quedan tabúes- que son debatidos y generan ideas libremente. Mientras no sea un proselitismo explícito en contra de los valores y costumbres de una comunidad, mientras no ofenda la fe, creencia, valor, norma o costumbre de un grupo social; no hay problema.

En una sociedad como la peruana este tema pasa, y pasa bien.

Somos bastante tolerantes y poco discriminadores. Solemos ser buenos anfitriones, al punto que es más fácil pensar que un extranjero tiene más facilidades en esta tierra que un oriundo.

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El peruano tiene una mezcla de generosidad y estupidez que engaña a primera vista. Pero obvio, no se puede generalizar. Hay otros que se creen los “vivos”. Peruanos que viven de otros peruanos, que se almuerzan peruanos en forma de comunidades enteras, sindicatos, asociaciones… y que de tontos no tienen ni un pelo.

De inteligentes tampoco. ¡De astutos! Eso es otra cosa. Y es que resulta gracioso que esos almuerza peruanos se los almuerzan para otros extranjeros a los que les rinden pleitesía y a los que a escondidas adoran en forma de un olimpo de dioses de plástico que marcan sus jerarquías en platinum, dorado, plateado, negro, sueldo, débito, etc.

Luego que la censura supera los intereses del mercado y de la oferta y la demanda, y el libre comercio, y liberalismo económico; se disfraza de moralista y entra a fastidiar a los creativos, a los artistas, a los originales, a los innovadores, a todo aquel que tiene algo que decir.

Pretendemos controlar contenidos y no distinguimos entre la decencia y la cucufatería. Recuerdo un singular episodio de The Simpsons, en el que Marge  consigue realizar una campaña para evitar que contenidos deformantes como los de Itchy & Scratchy (Tommy y Daly, en la traducción latina (¿por qué cambian dos nombres en inglés por otros también anglófonos?) se transmitan en los medios.

Itchy & Scratchy terminan convirtiendose en unos estúpidos sin motivo a raíz de la autocensura del estudio que los produce. Sin embargo, el resultado muestra frutos interesantes. La televisión pierde interés y los chicos salen a jugar al aire libre, a montar bicicletas, a volar cometas.

Un día llega en gira a Springfield la monumental obra de Miguel Ángel: El David.

Estamos hablando de ligas mayores. Uno de los 3 más grandes renancentistas. Un genio dador de maravillas como la capilla sixtina, amén del diseño de San Pedro, pinturas, esculturas…

Como El David de Miguel Ángel es un desnudo, la población de Springfield se indigna y pide que lo exhiban, sí, pero con pantalón…

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Cuando se camina en la vía del extremismo se corre el riesgo de perder objetividad. La fanática búsqueda del cumplimiento de las reglas a rajatabla inhibe el desarrollo del criterio, del juicio, del razonamiento.

La norma se hizo para el hombre y no el hombre para la norma. En la biblia vemos está mención con respecto al Sabath.

En la vida diaria vemos la contraposición hasta el hartazgo en las bocas de aquellos que se niegan a reflexionar, a sentir empatía, a aceptar y expresar agrado. Para ellos sólo valen la ley y el orden…

Todo lo ocultan, todo lo niegan, todo lo censuran.

¿Se debe indiscriminadamente manifestar todo tipo de contenido sin autocontrol y aunque sea pernicioso?

No, tampoco. Para eso esta precisamente el autocontrol. El saber nadar en la convivencia y aceptar en ceder sin traicionar.

La publicación o expresión de una opinión en los foros adecuados, en los momentos idóneos, de maneras asertivas.

Puedo decir basura y esto no tiene que afectar a nadie, pero no por ello convierto “basura” en el único término a usar, o no por ello lo empleo cuando se come, cuando se trabaja, etc. Hay un lugar y un momento para todo. Es nuestro criterio quien determina cuando y donde, y quien asume las responsabilidades de que de los actos se generen.

Pero no pretendamos ocultar el sol con un dedo.

Si quiero formar personas con criterio para evitar el consumo de drogas (desde las ilegales hasta el alcohol, tabaco, cafeína), no voy a optar por no hablar del tema o pretender que no existen o por convertir en tabú palabras como marihuana en la sociedad.

Eso es sólo una hipocresía que terminará por hacer mucho más peligroso el enfrentamiento con el tema que irremediablemente se va a dar dadas las circunstancias y tiempos en que vivimos.

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Asertividad para hablar clara y honestamente. Sin agresiones.

Pero por supuesto con la reflexión y cuidado de los códigos. No se trata tampoco de hacer alegorías, o fomentar su consumo, mucho menos justificarlo. No porque lo sea o no (justificable) si no porqué no corresponde.

La única censura aceptable es el autocontrol, la conciencia que voluntariamente, después de discernir moralmente, determina que es bueno y que es malo, y controla voluntariamente los impulsos y reacciones al respecto.

Por lo demás, el cielo es límite.

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  1. #1 por Авиабилеты мурманск-москва-мурманск el abril 24, 2013 - 15:26

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  1. Límite y libertad « Eüxerfaii

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