Intrascendente moral.

A veces tienes la necesidad de escribir por el placer de escribir. Poco interesa que te lean o no. Es como aquella canción instantánea que compuse ayer. Me gustó. Cumplió. Ya no la recuerdo.

Algunas cosas no están hechas para perdurar o trascender. Mejor dicho, muy pocas cosas están para trascender, espero. La verdad creo que nada. De acá a unos años nadie va a saber de ti, ni que hiciste ni quien fuiste.

¿Conoces acaso tú la historia de tu tatarabuelo? El que sentía, cómo se emocionaba, qué cosas lo motivaban.

¿Sabes acaso el nombre de su madre?¿o de su primer amor?

Algunos son más conocidos por sus obras: innegable es la grandeza de Ghandi o de Luther King, en favor de la paz; reconocemos el trabajo de Leonardo y la maravillosa imaginación de Jules Verne; la tristemente fama de Stalin o Hitler…

Pero hasta ellos desaparecen eclipsados por los tiempos. Personas más intrascendentes como Bieber o Miley los reemplazan en la mente de los niños de hoy, del mismo modo que tuvieron sus 5 minutos muchos -a Dios gracias ahora desconocidos- como Servando y Florentino, por citar un ejemplo.

Hay en una plaza un monumento a un cretino que se hizo llamar libertador y al que ahora un gran número de ignorantes idolatra, un pobre diablo que se hizo el primer dictador en Perú y restituyó la esclavitud. Libertador… jah!

Hay un buen numero de avenidas y calles, y residenciales y edificios con el nombre de otro de los grandes traidores de Perú. Éste fue presidente cuando la guerra con Chile. Honrado por los mismos a los que traicionó.

Lo bueno es que de acá a ya mismo, a unos 300, a unos 1000, o a un millón de años NADIE los recordará. Si fuera que los recuerden entonces la estulticia humana estará justificadísima. Pero la verdad es que con suerte no habrá quien los recuerde.

Entonces ¿qué importancia puede tener esto que escribo? ¿qué valor el aire que respiro?¿qué importan las horas en las que me muevo, o las amistades que dejé atrás? Los amigo que no veo, los extraños deseos, los amores perdidos, la esencia de lo vivido…

Puede que esto nadie lo lea. Como la canción de ayer desaparecerá. ¿Por qué ese animo de querer más a costa de los demás, entonces?

Pero tengo la esperanza de que no todo ha sido en vano.

En este refugio de breve instante de tiempo te cuento estas cosas a ti que lo lees. A ti que soy yo mismo. 

Esta es mi catarsis, mi refugio. Ayer cantaste para Tyago, y ese instante se llevó con creces toda la historia de la humanidad.

Ayer con una canción improvisada te alzaste más alto que las deidades del Olimpo, escupiste en la arrogancia de la historia, y entonces… desapareciste. Sin dejar rastro ni seña.

Entonces valió la pena. Como el Tema de Arcadia, y el texto “cortazariano” de César Bruto: “Siempre que viene el tiempo fresco, o sea, al medio del otoño, me la loca idea de pensar en ideas extrañas, en cosas excéntricas…”

Ya ves, escribo sólo por escribir, por una necesidad, o tal vez sea mejor decir necedad, de contar algo y punto.

A los grandes críticos de mi tiempo, a los improvisados curadores de bar, a los insolentes y majaderos bienpensantes, esos con la cara de orto y el ceño fruncido, esos que son sobrios en su pensar y que quieren por dentro las trenzas soltarse, a todos esos señores cuya dignidad desaparece con un ron, pero que públicamente muestran su descontento con lo que los demás hacen, esos que son también un poco como yo le digo: Felicitaciones y jódanse. Pienso seguir

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