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Esto es lo que creo

13 de septiembre.
Ya pasó el mediodía y me siento a escribir acerca de que pienso sobre el arte, sobre el teatro, sobre la vida.
Hay personas que piensan que para desarrollarse en el arte lo importante es tener cierto “don”, cierto “talento”.
Si bien existen habilidades innatas en muchas personas la verdad es que no son ni remotamente determinantes.

Conozco un vasto universo de personas talentosas echadas a perder en capacidad, ya sea por los consabidos vicios y desperdicios de vida, o por las, menos reconocidas, presiones sociales.
¿Arte, música pintura? ¿Teatro??? ¿Cómo se te ocurre? Estudia algo que te asegure la vida. Administración, Leyes, Medicina…
Sí, así con mayúscula la primera, porqué es lo importante para ti; eso piensan.
Como decía el inefable Charly García “No existe una escuela que enseñe a vivir”, y sí hay algo en lo que TODOS no hemos equivocado alguna vez, es precisamente en vivir.

Pero dejemos las justificaciones de lado y enfoquémonos en las personas que logran su objetivo. Más allá de si es arte, humanidades o ciencias hay una constante en todos ellos: disciplina.
Cuando uno espera cosas en la vida y no se ciñe a un plan para alcanzarlas, más que una lista de metas es una relación de buenos deseos.
No importa si tu economía es buena (que ayuda bastante eso sí) o si es más bien un tanto precaria. No importa si tus apellidos tienen cierta trascendencia o son comunes. No interesa siquiera si tus mentores y profesores son buenos o te engañan (la mayor parte de las veces se engañan a sí mismos). No, nada eso importa hoy en día.

Lo que realmente vale es la disciplina. Fijarte una meta, trazar un plan de acción que debe ser modificado solamente para perfeccionarlo algunas veces, y emprender el camino.
Todo éxito se basa en el sacrificio. Si no eres capaz de sacrificar algo no podrás obtener ningún logro.

Y disciplina no es meterse al ejército o buscar un personal trainner que se encargue de arrearte.
Para nada.
Disciplina es fijarte objetivos y no permitir que NADA ni NADIE te aparte de ellos hasta alcanzarlos.
Fácil, de a pocos. Cada vez más complejos en la medida de tus logros. Desde empezar a levantarte al alba por el mero placer de ver salir el sol. Desprenderte de la cama tibia, del engañoso sueño, de la zona de confort.

Todo reto es bueno. Y luego… luego aumentar el nivel de dificultad.
Hay placer en el sacrificio, y éste es superior al de la dejadez. Lo saben aquellos que han andado el camino, y que con el éxito en sus hombros pueden distinguirse de todos esos que no quieren pero forman parte del resto.

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Alguna vez, he dirigido una treintena de montajes teatrales, en mis inicios he precisado de un death line, de una fecha límite.
Recuerdo claramente los ensayos de “Algunos Cuentos, Otras Tempestades” (ojo, este también es título de un gran disco de la banda pop melódica española Religión) que buscaba cierto nivel de perfección en la manifestación de algunos puntos.
La obra en mención estaba compuesta por la inclusión de diferentes personajes de otros trabajos -Yago de Shakespeare, Medea de Eurípides, Loman de Miller, Julia de Strindberg, Samuel de Gordon, Pedro de Calderón de l Barca, y Oria de mi propia creación.
Los textos eran adaptaciones libérrimas del gran Cortázar, de letras de Waters en el Pros & Cons, y de García en su Hija de la Lágrima y nuevamente de mi creación, no podía faltar, Caín y la Virgen Rota.
Todo estaba muy bonito, muy experimental, muy original dentro de tanta inclusión… pero no acababa nunca.
Demoré cerca de dos años rotando actores, puliendo escenas, buscando la sublimación de la propuesta…
Un buen día la administración me exigió presentar el trabajo en un plazo determinado. Creo que fue lo mejor pues de otra forma estaría ensayando aún, o corrigiendo la música, o variando las tesituras…

Disciplina. No interesa cuánto genio o talento poseas. Si no tienes una agenda, un plan de ejecución, un death line, siempre todo quedará en lo que pudo ser, y no fue.

Hoy, 16 años después de presentar “Algunos Cuentos…” puedo decir que el perfeccionamiento es permanente, por ello se debe limitar el desarrollo y LOGRAR la ejecución.

Hoy es 13 de setiembre, son las 12 y 44. Y entiendo claramente lo que pienso acerca del arte, del teatro, de la vida.

Y para terminar, la humildad. La humildad porque la carrera no acaba sino hasta que acaba. Seguimos ignorando, seguimos aprendiendo.
Pretender lo contrario sería pecar de una ignorancia malsana y mezquina.

¿Quieres ser grande? Disciplina y humildad.

Gustavo A. Antezana
Euxeme

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Esto lo escribí hace unos años. Lo encontré en http://www.euxeme.jimdo.com y me volvió parecer interesante…

decía así:

 

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Diciembre 10, 2009

16:29

Y luego de pedir perdón por sus pecados regresó a lo mismo.

La habitación vacía. Las nubes brillante opacas tras los crsitales.

Cabellos Negros, no puedes esconder la peluca bajo el cuello de la casaca. Es la Ley. ¿No lo sabías?

No puedes esconder tu sonrisa tras los cabellos.

 

¿Puedo fumar un pucho?

No, no puedes.

No puedo moverme. Algo me pasa . Estoy asustado. Necesito un pucho.

¿Puedes callarte? Trato de leer.

Nunca puedo hacer nada.

No, no puedes.

Nunca puedo decir lo que pienso realmente.

No, no puedes.

No puedo decir te amo sin sentirme rechazado.

No, no puedes.

¿No puedo enredar las vias del tren para que nadie sepa llegar?

No, no puedes.

No puedo dejar caer una gota de sopa de la cuchara. Ni una de lluvia en mi cara.

No, no puedes.

No puedo respirar.

No, no puedes.

No puedo elegir libremente porque no puedo volar.

No, no puedes.

No puedo ser feliz.

No, no puedes.

¿No puedo?

No, no puedes.

¿O no quiero?

No puedes.

Sí que puedo..

No, no puedes.

Claro que puedo.

No, no puedes.

Puedo estigmatizar el cielo con pinturas de Frida.

No, no puedes.

Puedo despertar esta mañana una y otra vez hasta que se levante de sí misma.

No, no puedes.

Puedo devorar el amor flatulento y convertirlo en un globo de gas helio que ponga comiquísima tu voz.

No, no puedes.

Puedo reírme de los ancianos que tienen menos edad que yo pero que ya viven encerrados en sus casitas de mármol sin haberse bañado jamás en la desespearación o el júbilo.

No, no puedes.

Puedo creerme que sé lo que digo.

No, no puedes.

Puedo equivocarme y percatarme que todo lo que he dicho, hecho, pensado, deseado, amado, creído, sentido, era errado.

No, no puedes…

Puedo refutar cada una de mis argumentaciones con nuevas que seguramente también podré refutar.

No, no pue…

Puedo tragarme mis palabras y sentir vergüenza, y puedo cantar sin voz, que basta que yo no me escuche y aún así sepa…

No no p…

Puedo callarte de una maldita vez y vaciar los 6 tiros de este fierro que sostengo en mi mano.

No, no…

Puedo y puedo más, puedo arrancarme el disfraz azul y empezar a vivir esta “mil vidas”…

No…

Puedo. PUEDO. PUEEEEDOOOO.

Sí, sí puedes.

Pero no quieres.

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Desierto onirismo

De tan pesado el tiempo hace mi muñeca caer al costado y cada tic de las agujas se convierte en un lastre del globo que desaborda la canasta en la que firme te sujetas mientras el viento te mece a su gusto.

Y esa sensación del vacío debajo del suelo a tus pies, y que trastoca todo lo que creía firme y que veo que no es más seguro que la veleidosa rutina con la que parpadeas, me causa un sopor que duele a mis ojos abiertos a responsabilidad de ver cuando se debe.

Henchido de calor el sol abruma y díscola la nimbo se cruza en su camino mientras mi testa se balancea con el peso móvil en las cuencas y el dolor del brilloso reflejo que escapa a la nube para dar del suelo a mis ojos, y de mis ojos al sueño.

Ese vacío, ese peso, ese brillo y ese dolor por no dormir lo suficiente no son óbice suficiente como para dejar de oírte en la noche cuando llegas, como para parar de amarte cuando no estás, como para no extrañarte al otro lado en mi vereda como para no contarte las irrelevantes ocurrencias que adornan mi día.

Ahora, que voy a dormir parado bajo el sol, espero soñar entre esta alucinación desértica que son tus labios el oasis al que debo llegar.

Materialízate, aparece ante mi y juntos dormiremos una vez más.

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ESTADÍSTICAS Y RAZÓN

No soy tan (ojo al tan) pendiente del aplauso.

No soy tan dependiente de la atención.

No soy siquiera independiente de la crítica, ni atento de ella.

Pero igual que bien se siente cuando en estos blogs, que ya sabemos escribimos más por una suerte de principios que cantidad de lectores, esa línea de las estadísticas de quienes han revisado el blog indica una mayor cantidad.

Deben estar muy ociosos o yo yo debo tener mucha suerte, pero igual gracias a quienes lo revisan.

Les voy a contar una historia que hace tiempo oí -para los que me conocen saben que mi esencia es contar historias (en música, teatro, escritos, intervenciones, tv, etc.); así que voy a contarles, les decía, una historia que debe sintetizar la razón mi ser y de la existencia de este blog, y el porqué sonreir cuando las estadísticas indican que se llega a más gente.

Dice así:

Salió un día Nasrudin a caminar por el mundo.

En eso llegó a una plaza bastante transitada, así que tomó un banquito que llevaba entre sus bártulos y parose encima del mismo. Y empezó a contar cuentos, a contar historias.

Y la gente empezó a asomarse. Y les contó la historia de la piedra azul, que escuchó alguna vez de otro cuenta cosas, y también la historia del hombre que fue al carnaval de Venecia. Contó historias vividas, oídas e inventadas, pero todas reales.

Y se junto un grupo de hasta unas 200 personas que lo escucharon extasiados por unas 3 horas en que se detuvo porque había que tomar algo de líquido. La ausencia de líquido causa deshidratación -así decía Rolo que estudiaba para médico pero que acabó en EsSalud que es la seguridad social de mi país pero con un nombre que más parece un sarcasmo.

Nasrudín tomó su agüita y se fue a ver de hacer la vida, comer algo y estudiar para el día siguiente.

Y ese día siguiente llegó como llegan todos los días siguientes. es decir fresco y prometedor.

Para las 11 de la mañana fue otra vez a la plaza y pusose a contar cuentos de nuevo y así estuvo otro montón de horas… pero, esta vez la concurrencia fue menor. Y al otro día menor, y al otro día menor, y menor y menor…

Y finalmente  llegó el día -porqué siempre llega el día- en que nadie se detuvo a oír y Nasrudín… Nasrudín se sintió re mal. Entonces se puso a pensar que hacer y llegó a una solución.

Cerró los ojos.

Así es cerró los ojos y parado sobre su banquito sigui narrando sus historias.

De pronto se acercó un niño y jaló la manga de su chompa. Nasrudín volteó al tiempo que abría los ojos.

“Señor, dijo el nene.¡¡¡¿Está usted looocooo? Esta habla que te habla que te habla y acá yo no veo a nadie que le este oyendo!!!”

“¿Sabes?, contestó Nasrudín, antes yo contaba historias porqué trataba de cambiar al mundo. Ahora las cuento para que el mundo no me cambié a mí.”

 

Y esa es la razón.

Y por eso no estoy TAN pendiente del aplauso, de la atención, ni de la crítica.

 

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AQP -PE

 

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Cien Días

Cien días de camino. Hoy: cien días de camino.

Como las estúpidas alarmas de esos coches de unos estúpidos que ni salen a desactivarlas. Taa Taa Taa Taa, tiu iu iu iu , eh eh eh eh  tuuuu tuuuu….

Cien días de camino y me bajo al medio de la nada.

Junto a la cuneta, un coche de esos “mini cooper”. 

Llegué tarde una vez más. Cuando pensaste que te amaba y todo resultó como un viaje frustrado.

Decidí viajar a tu costado. Rayos, estos cochecitos no es que uno suba, sino más bien que uno se los pone.

Tu mirada vagaba inocente entre la carretera, el reproductor de música y mis ojos.

Brillante la luz acompaña la adulto contemporánea y de tu garganta surgen cristalinas las risas nerviosas que me invitaron tantas veces a besarte.

Y hoy, ni tu recuerdo. Y lo que puedo recordar en todo caso es el estúpido: “Taa Taa Taa Taa, tiu iu iu iu , eh eh eh eh  tuuuu tuuuu…”

Podrías ser. Pero no eres más. La perpleja y parapléjica sonrisa en tu calavera me hace tomar consciencia. Pero es raro. No me veo a mí a tu lado. No estoy en ninguna parte del cooper -¿se dice así, no?-, es como si me lo hubiera quitado.

Y avanzado bajo el ardiente. Y llegado a avisar. Y regresar. Son cien días. ¿Qué más podía hacer?

No me quedé a tu lado. Cuando pensaste que te amaba se apagaron tus ojos en un instante y mi cuerpo salió volando quebrando el parabrisas en mil recuerdos por segundo que hoy ya no tengo.

Pudiste ser, pero no, no fuimos nunca.

Y hoy, al lado de la cuneta, tu sonrisa es la ausencia de carne.

Cien días son muy pocos, pero este sol y las carroñeras se encargaron de pelarnos y dejar en nuestras caras la estupidez de tener por todo réquiem esa estúpida alarma.

Cuando alguien se detenga a buscarnos, ahí, al lado de esa carretera por la que diariamente pasa tanto coche, pero en la que nadie hace una pausa para ver hacia abajo, entonces verán el cooper, tu cuerpo, y con suerte el mío. Y ni idea tendrán de quienes fuimos ni de que nos pasó.

Nos recogerán, si es que, y nos enterrarán anónimos, como vivimos.

Pero por hoy, parece que no.

Son sólo cien días…

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foro Gráffika (tres de veintitrés) Notas Autoadhesivas

¡Ya me cagaste! A tal punto que ni siquiera tu lapicero he querido usar para escribir esta nota. ¿Cómo puedo detestarte tanto? ¿Qué deberé hacer ahora?

Espero.

Siempre espero. Espero que llegues de los eventos. De la agencia. De los viajes. Espero tus impuntuales llegadas a nuestras citas. Espero que te calles mientras veo el fútbol. Espero que este fin de semana no me pidas que vaya a tu casa a ayudarte a arreglar algo.

¿Cómo puedo ser yo tan estúpido de llegar siempre temprano? Incluso si quiero adrede hacerte esperar para que sientas lo que yo, incluso ahí ni te enteras, porqué tú llegas aún más tarde. Estoy hastiado de tus actitudes.

¿Recuerdas que hubo un tiempo en que estúpidamente pensaba que estábamos tan íntimamente conectados que creía que tu espíritu sufría y sentía igual que yo, y cuando inexplicablemente me sentía mal sospechaba que algo malo podía estar sucediéndote?

Pues ya no. Sé que ahora que sorteo mi alma entre todas estas penurias tu te sientes bien. No te enteras.

Cómo decía el Iona de Janoj Levin:” ¿Qué cola invisible más fuerte nos tuvo que pegar en una vuelta del camino?”

La felicidad no se compra pero sí los plascevos.  Ahora ganas muy bien. Ahora siempre hay trabajo. Entre las pasarelas y los escenarios. Es tu perfecta excusa para todo: tus presentaciones. ¿Qué puedo hacer yo, un inválido mental? ¿Cómo me voy a cruzar en el camino de la magnífica Suzzane Del Águila?

Era más fácil cuando sólo eras Susana Rodríguez. Una desconocida estudiante de actuación.

El estreno era a las 20:00. Son las 4. Han pasado ya 8 horas y no apareces. Mejor así. Ahora queda sólo el tiempo y el dolor. El dolor que se marchará con el paso del tiempo. Pero ¿cómo controlar esta tortura del intermedio?

Avanzó por la habitación con la paciente desesperación de un león enjaulado. Ella no llegaba nunca. Habían quedado que luego de la presentación se encontrarían para ir a celebrar. Había estado en su casa, y si se complicaban las cosas iba a regresar para que salieran de ahí. El ya la había llamado y estaba cansado de dejarle mensajes en el buzón de voz. Entonces vio el maletín Gucci que juntos habían comprado no mucho ha. ¿Por qué lo había dejado? Se lanzó sobre él y empezó a revisar los bolsillos laterales con mucho nerviosismo. Ya eran las 4:30 y no tenía idea de a que hora se animaría ella a venir, pero aún así se sentía observado. La consciencia le hacía casi desear que en cualquier momento se abriera la puerta.

Sin ser religioso tenía algunas ideas fijas en la cabeza, y sentía que todos iban a ser castigados en algún momento por lo que hacían. Se movía más por miedo que por convicción. Sacó el paquete de Marlboro del bolsillo para fumar un pucho y tranquilizarse un poco. ¿Qué buscaba? No lo sabía.

‘Una prueba, algo que la inculpe’

Que la inculpe… de ¿qué? Tampoco tenía ni idea. En el bolsillo central encontró un llavero azul de goma que le había regalado cuando todavía ella no era nadie. Le recordó esa época y se sintió amargado. Sujeto el llavero -con dos llaves evidentemente de valijas y una de una cerradura que aparentaba ser de una puerta principal- al tiempo que sacaba un papel doblado. Ya lo iba a desdoblar para leerlo cuando escuchó el ruido de un coche acercándose a la casa. Dejó caer el llavero. Metió el papel a su bolsillo, y tiró el Gucci detrás del sillón. Espero. Siempre esperaba, ¿no?. Nada. Ni el sonido de los tacos ni el ron-ron del motor. Desdobló el papel. Era una nota de venta. La arrugó y la tiró en la papelera al lado del sillón del escritorio. Aguzó el oído en ese silencio magnificante de sonidos que es la madrugada. Le pareció oír tacos. Sus tacos. Esos sonidos antes lo habían excitado avisando de la presencia de quien, había creído, que lo amaba.

Nada.

Extrañaba su perfume. se agachó a levantar el bolso. Debía confrontarla. Definir la situación. Frente a frente. Insistió en esculcar el bolso. Encontró un labial, una polvera con espejo. Una cajita de Eve mentolados que a él le parecían ridículamente snobs. Su fotocheck y algunos tickets de avión.

Se detuvo en estos últimos y casi salta de alegría y rabia al encontrar que entre los tickets de Suzzane había uno de Julio Eduardo. Si ese marica era el encargado o su valet personal ¿no debía tener el los cabos de los pasajes y no ella en su bolso?

Pero había más, un portadocumentos con papeles de una Lucrecia Morrón. ¿Por qué diablos tenía los papeles de una Lucrecia morrón, y quién diablos era esta mujer?

‘¡Te cagaste! Creíste que me ibas a engañar maldita zorra, pero te equivocaste.’

¿Qué haría ahora?¿La enfrentaría? No. Todavía no. Tal vez julio Eduardo era su amante, pero no encajaba la Morrón. Tenía información pero era incompleta. Ella podría salir del paso fácilmente con alguna excusa. Debía sacar una copia y juntar más información. Pero ella no debería sospechar. Ya había sido bastante estúpida en dejar ese maletín en su casa. Prendió la computadora para escanear los tickets y los documentos. Vio la foto de Lucrecia Morrón. Extraño, la encontró familiar, pero no sabía de dónde. Era una mujer atractiva sin duda. ¡Qué raro que no la recordara! porqué sin duda la conocía de algún sitio. Pero cuando le gustaba alguien no la olvidaba. Conocía a las otras modelos y las recordaba, ¿no? Vanessa, Fernanda, la pelirroja sin pechos, la otra anoréxica… ¡Lucía!, Karina, Rafaella y Ma. Cristina. Estaba también esa flaquita… mmm, esa que fue una sola vez a la agencia… ¡Lorie! Hasta de ella se acordaba. ¿Quién era Lucrecia Morrón? ¿Por qué su cara le parecía familiar, y por qué no recordaba de dónde le resultaba familiar?

‘¿Y julio Eduardo? No se suponía que él viajara a cada evento… ¡Eso es! Con razón dijo que lo había llamado para que la recoja del aeropuerto y él nunca recibió la llamada. No figuraba en el registro de llamadas perdidas.

¿Coincidencias o hechos concretos?

Las 5 menos 5. Pronto amanecería. prendió otro cigarro. Scaneó los papeles y volvió a acomodarlos en el maletín. Ya no vendría. seguro lo llamaría al medio día y se excusaría. Sin embargo, se apresuró. Cómo con temor de ser atrapado in fraganti.

Abrió la puerta principal y salio a respirar el fresco del amanecer. El sol ya iba pintando incipiente el alba. Maldijó una vez más y le dio una chupada más al cigarro.

¿Qué nos pasa? Nos desgastamos. Ya no suceden las cosas bien y punto. Tú y todos tus compromisos y llegar tarde o no llegar, y no tener tiempo ni ganas de nada.

Estás cansada, lo sé. Pero también yo. Físicamente realizó un mayor desgaste cada día que tú. Ahora llegas y a cada proposición mía surge una negativa tuya. ¿Ir a bailar juntos? Un sueño. Que la prensa, que la gente, que los fanáticos y los fotógrafos… Y no estaría mal, de no ser que a los compromisos que vas sí que bailas. Bailas hasta en la tele…!!! Si es el cine, que ya viste esa pela en el vuelo.

No podemos pasear, ni reir, ni detenernos a oler una flor cualquiera, a observar una puesta de sol… si ni salimos. O es tu depa o mi casa. Simplemente caminar y fumar unos rubios estaría bien, pero tú debes descansar de la noche anterior para la nueva. Del viaje anterior para el siguiente. Y yo…, yo soy solamente un intermedio. Tu hotel local. Pero yo no puedo vivir sin alimentarme de aire, de ni aire: sonrisas, tratos amables, paseos, ni aire.

¿Qué nos pasa? Nada en común. A ti te pasa tu vida y tus cosas, y a mi ni mi resentimiento. 

Es pues mejor decir adiós.

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foro Gráffika (dos de veintitrés) Viaje a la Ilusión

¿El hombre que nunca más bailó?¿qué clase de título es ese?, dijo Lucrecia dejando entrever brillantes y blancos los afilados comentarios que vendrían.

Lucrecia… ¿cómo podía haberse comprometido con ella?

Bueno, es un título provisional, se excusaba en la blandura que de él había hecho esa máquina de triturar era que el amor. Esa máquina que tenía que ser más peligrosa y destructiva en manos de Lucrecia.

Lucrecia…, sonaba a…, ¿qué era lo que le hacía recordar exactamente su nombre? Lucrecia…

¡”El hombre que nunca más bailo”!, siguió mofándose. Disculpa mi amor pero no negarás que es un nombre ‘sugerente’; y tuvo que llevarse la mano para cubrir su boca mientras las mejillas se le humedecían con las involuntarias lágrimas de la risa.

Verás, dijo él afirmándose. Se refiere a que una vez que quedó sin su pareja nunca más quiso bailar. El baile es una representación suprema, ideal. Es un respeto romántico.  El baile es la encarnación del erotismo. La subjetividad del coito pero en comunión. Es como el canto del cisne.

Vamos… ¿en serio?¿el canto del cisne?

Canta una sola vez en la vida, cuando muere su pareja.

Pues hubieras llamado a la novela: “El canto del Cisne”, y no esa cursilería: “El hombre que nunca más bailo”.

“Entró a la habitación. Le sorprendió que estuviera todo tan obscuro. ‘Acabo de llegar’ le dijo por teléfono. ‘Bueno ya, voy a buscarte’le contestó él. ‘Voy a tardar sólo un poco porque debo comprar alguna cosas y además recién está secando la ropa’. ‘Xévere, entonces voy a dormir un poco. Anoche casi no he podido y el viaje además ha estado fatal. ¿Dónde te metiste que no contestabas?’ ‘¿Qué? Mi teléfono ha estado encendido todo el tiempo.’ ‘Bueno, ya conversaremos después, me quiero recostar’. ‘Bien, ciao’. Y ahora todo tan obscuro. Ni una cortina abierta. Toda la luz llegaba del televisor. Volteó y la vio durmiendo. Le entraron esos enormes deseos de ahorcarla… Le tenía tanto odio retenido. Depositó sus cosas en el tocador, jaló la banqueta del mismo para sentarse frente a ella y observar su sueño. Esos ojos, que antaño había buscado en las aulas universitarias con desesperación se le presentaban ahora ajados, arrugados y desteñidos del color de vida. No podía verlos sin que le viniera a la mente aquella tara incontrolable que tenía cuando se irritaba y que le hacía parpadear muchísimas veces en un segundo.

El recuerdo lo sobrecogió. ¿No hubiera sido mejor que se cayera el avión en que vino ella y extrañar amante a la muerta que tenerla viva con odio? Claro. Los otros pasajeros no lo merecerían. Aunque su inmolación bien hubiera hecho que Roger los considerara héroes.

Ella movió la cabeza y giró al otro lado. Roger pensó que tal vez iría a despertar, y una arcada sacudió su laringe. La detestaba. Ella había hecho todo lo necesario para ir desenamorándolo poco a poco. Pero era cobarde. No se atrevía a decírselo.”

‘No, eso no’, pensó. ‘Roger no debe ser cobarde, al contrario. Debe pisar fuerte. Debe hacerse respetar’. Se levantó a servirse una taza de café y encontró sobre el escritorio una lista de encargos que le había dejado Lucrecia. Recordó sus burlas acerca del nombre de la novela. ¿y si tenía razón?¿Si el título es demasiado…?¿…? Le costaba creer que había pensado en un título tan estéril. ¿Cursi?

‘Además ¿qué sabe ella? Ella es una simple agente viajera. No sabe nada. ¿qué puede saber? Toda su vida se limita a papeleo, a burocracia, a facturas. Esa es toda su literatura. Que tengan letras y palabras, lomos, tapas y folios, y estén empastados no los hace libros. Ella hubiera preferido que escriba… no sé, algún ensayo de investigación científica o un manual de marketing… Nada. Ella no sabe nada. Mañana le muestro a Lorie y que ella me diga.

‘Ahora que… si ella también me dice que es …. Que no está bien, entonces veré. Pero el que lo diga Lucre si jode.

‘Lucrecia… a qué suena… ¿a lucro? ¿Es su significado el que tanto me desagrada?

‘Quince días de vida’, suspiró. ‘Bueno quince no, esta noche es cine’, pensó recordando que iban a ver una repasada de “La Noche de las Narices Frías”.

Ella gustaba de esas pelas. ¿Quién era el cursi? Ese título no le parecía cursi, ¡no!

¿Acaso no era más cursi ir a sus 27 años a ver un refrito de Disney al cine?

Avanzó a la cocina y se sirvió una taza de café negro. Recordó que tenía que recoger al gato después de la agencia. ¿Qué estarían pensando Peter y los otros? Seguro en una buena despedida de soltero. Era lo único que le quedaba de bueno. Luego del matrimonio tal vez la agencia fuera más que trabajo. Ya la iba sintiendo como un refugio que inexpugnable lo cuidaría de Lucrecia. ¡Claro! También estarían los continuos viajes de ella.

¿Viajes? ¿y cómo soporta la Luna de Miel? ¡Qué desgracia! ¿Por qué se casaba si odiaba tanto el matrimonio?

¿Lo odiaba… o tenía miedo?

No. Lo odiaba, sí. Pero al matrimonio. A comprometerse con Lucrecia. A Lucrecia.

Odiaba a Lucrecia. Por eso escribía la novela. Porqué ella lo había tratado de desanimar. Porqué se burló del título incluso cuando era sólo una idea aún. Porqué se burló del título del mismo modo que de todo lo demás que él hacía. De sus campañas, de sus amigos. De sus amigas.

Él la odiaba, sí, y seguro que ella lo odiaba también a él. Por eso iban a casarse. para vengarse mutuamente. Para atrapar y hacer infeliz al otro. ¡Claro! Ahora entendía todo al alivio de la caliente porcelana con café.

¿Qué haría Roger? ¿Mataría a Lisa? ¿Él mataría a Lucrecia? ¿Sería capaz? Y esa maldita idea que no le quedaba clara: ¿a qué sonaba Lucrecia?

¡Ah! ¡ Ya lo sabía! ¡¡¡Lucrecia sonaba a Crueldad!!!

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