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Esto es lo que creo

13 de septiembre.
Ya pasó el mediodía y me siento a escribir acerca de que pienso sobre el arte, sobre el teatro, sobre la vida.
Hay personas que piensan que para desarrollarse en el arte lo importante es tener cierto “don”, cierto “talento”.
Si bien existen habilidades innatas en muchas personas la verdad es que no son ni remotamente determinantes.

Conozco un vasto universo de personas talentosas echadas a perder en capacidad, ya sea por los consabidos vicios y desperdicios de vida, o por las, menos reconocidas, presiones sociales.
¿Arte, música pintura? ¿Teatro??? ¿Cómo se te ocurre? Estudia algo que te asegure la vida. Administración, Leyes, Medicina…
Sí, así con mayúscula la primera, porqué es lo importante para ti; eso piensan.
Como decía el inefable Charly García “No existe una escuela que enseñe a vivir”, y sí hay algo en lo que TODOS no hemos equivocado alguna vez, es precisamente en vivir.

Pero dejemos las justificaciones de lado y enfoquémonos en las personas que logran su objetivo. Más allá de si es arte, humanidades o ciencias hay una constante en todos ellos: disciplina.
Cuando uno espera cosas en la vida y no se ciñe a un plan para alcanzarlas, más que una lista de metas es una relación de buenos deseos.
No importa si tu economía es buena (que ayuda bastante eso sí) o si es más bien un tanto precaria. No importa si tus apellidos tienen cierta trascendencia o son comunes. No interesa siquiera si tus mentores y profesores son buenos o te engañan (la mayor parte de las veces se engañan a sí mismos). No, nada eso importa hoy en día.

Lo que realmente vale es la disciplina. Fijarte una meta, trazar un plan de acción que debe ser modificado solamente para perfeccionarlo algunas veces, y emprender el camino.
Todo éxito se basa en el sacrificio. Si no eres capaz de sacrificar algo no podrás obtener ningún logro.

Y disciplina no es meterse al ejército o buscar un personal trainner que se encargue de arrearte.
Para nada.
Disciplina es fijarte objetivos y no permitir que NADA ni NADIE te aparte de ellos hasta alcanzarlos.
Fácil, de a pocos. Cada vez más complejos en la medida de tus logros. Desde empezar a levantarte al alba por el mero placer de ver salir el sol. Desprenderte de la cama tibia, del engañoso sueño, de la zona de confort.

Todo reto es bueno. Y luego… luego aumentar el nivel de dificultad.
Hay placer en el sacrificio, y éste es superior al de la dejadez. Lo saben aquellos que han andado el camino, y que con el éxito en sus hombros pueden distinguirse de todos esos que no quieren pero forman parte del resto.

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Alguna vez, he dirigido una treintena de montajes teatrales, en mis inicios he precisado de un death line, de una fecha límite.
Recuerdo claramente los ensayos de “Algunos Cuentos, Otras Tempestades” (ojo, este también es título de un gran disco de la banda pop melódica española Religión) que buscaba cierto nivel de perfección en la manifestación de algunos puntos.
La obra en mención estaba compuesta por la inclusión de diferentes personajes de otros trabajos -Yago de Shakespeare, Medea de Eurípides, Loman de Miller, Julia de Strindberg, Samuel de Gordon, Pedro de Calderón de l Barca, y Oria de mi propia creación.
Los textos eran adaptaciones libérrimas del gran Cortázar, de letras de Waters en el Pros & Cons, y de García en su Hija de la Lágrima y nuevamente de mi creación, no podía faltar, Caín y la Virgen Rota.
Todo estaba muy bonito, muy experimental, muy original dentro de tanta inclusión… pero no acababa nunca.
Demoré cerca de dos años rotando actores, puliendo escenas, buscando la sublimación de la propuesta…
Un buen día la administración me exigió presentar el trabajo en un plazo determinado. Creo que fue lo mejor pues de otra forma estaría ensayando aún, o corrigiendo la música, o variando las tesituras…

Disciplina. No interesa cuánto genio o talento poseas. Si no tienes una agenda, un plan de ejecución, un death line, siempre todo quedará en lo que pudo ser, y no fue.

Hoy, 16 años después de presentar “Algunos Cuentos…” puedo decir que el perfeccionamiento es permanente, por ello se debe limitar el desarrollo y LOGRAR la ejecución.

Hoy es 13 de setiembre, son las 12 y 44. Y entiendo claramente lo que pienso acerca del arte, del teatro, de la vida.

Y para terminar, la humildad. La humildad porque la carrera no acaba sino hasta que acaba. Seguimos ignorando, seguimos aprendiendo.
Pretender lo contrario sería pecar de una ignorancia malsana y mezquina.

¿Quieres ser grande? Disciplina y humildad.

Gustavo A. Antezana
Euxeme

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Esto lo escribí hace unos años. Lo encontré en http://www.euxeme.jimdo.com y me volvió parecer interesante…

decía así:

 

T3LG147

Diciembre 10, 2009

16:29

Y luego de pedir perdón por sus pecados regresó a lo mismo.

La habitación vacía. Las nubes brillante opacas tras los crsitales.

Cabellos Negros, no puedes esconder la peluca bajo el cuello de la casaca. Es la Ley. ¿No lo sabías?

No puedes esconder tu sonrisa tras los cabellos.

 

¿Puedo fumar un pucho?

No, no puedes.

No puedo moverme. Algo me pasa . Estoy asustado. Necesito un pucho.

¿Puedes callarte? Trato de leer.

Nunca puedo hacer nada.

No, no puedes.

Nunca puedo decir lo que pienso realmente.

No, no puedes.

No puedo decir te amo sin sentirme rechazado.

No, no puedes.

¿No puedo enredar las vias del tren para que nadie sepa llegar?

No, no puedes.

No puedo dejar caer una gota de sopa de la cuchara. Ni una de lluvia en mi cara.

No, no puedes.

No puedo respirar.

No, no puedes.

No puedo elegir libremente porque no puedo volar.

No, no puedes.

No puedo ser feliz.

No, no puedes.

¿No puedo?

No, no puedes.

¿O no quiero?

No puedes.

Sí que puedo..

No, no puedes.

Claro que puedo.

No, no puedes.

Puedo estigmatizar el cielo con pinturas de Frida.

No, no puedes.

Puedo despertar esta mañana una y otra vez hasta que se levante de sí misma.

No, no puedes.

Puedo devorar el amor flatulento y convertirlo en un globo de gas helio que ponga comiquísima tu voz.

No, no puedes.

Puedo reírme de los ancianos que tienen menos edad que yo pero que ya viven encerrados en sus casitas de mármol sin haberse bañado jamás en la desespearación o el júbilo.

No, no puedes.

Puedo creerme que sé lo que digo.

No, no puedes.

Puedo equivocarme y percatarme que todo lo que he dicho, hecho, pensado, deseado, amado, creído, sentido, era errado.

No, no puedes…

Puedo refutar cada una de mis argumentaciones con nuevas que seguramente también podré refutar.

No, no pue…

Puedo tragarme mis palabras y sentir vergüenza, y puedo cantar sin voz, que basta que yo no me escuche y aún así sepa…

No no p…

Puedo callarte de una maldita vez y vaciar los 6 tiros de este fierro que sostengo en mi mano.

No, no…

Puedo y puedo más, puedo arrancarme el disfraz azul y empezar a vivir esta “mil vidas”…

No…

Puedo. PUEDO. PUEEEEDOOOO.

Sí, sí puedes.

Pero no quieres.

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Desierto onirismo

De tan pesado el tiempo hace mi muñeca caer al costado y cada tic de las agujas se convierte en un lastre del globo que desaborda la canasta en la que firme te sujetas mientras el viento te mece a su gusto.

Y esa sensación del vacío debajo del suelo a tus pies, y que trastoca todo lo que creía firme y que veo que no es más seguro que la veleidosa rutina con la que parpadeas, me causa un sopor que duele a mis ojos abiertos a responsabilidad de ver cuando se debe.

Henchido de calor el sol abruma y díscola la nimbo se cruza en su camino mientras mi testa se balancea con el peso móvil en las cuencas y el dolor del brilloso reflejo que escapa a la nube para dar del suelo a mis ojos, y de mis ojos al sueño.

Ese vacío, ese peso, ese brillo y ese dolor por no dormir lo suficiente no son óbice suficiente como para dejar de oírte en la noche cuando llegas, como para parar de amarte cuando no estás, como para no extrañarte al otro lado en mi vereda como para no contarte las irrelevantes ocurrencias que adornan mi día.

Ahora, que voy a dormir parado bajo el sol, espero soñar entre esta alucinación desértica que son tus labios el oasis al que debo llegar.

Materialízate, aparece ante mi y juntos dormiremos una vez más.

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ESTADÍSTICAS Y RAZÓN

No soy tan (ojo al tan) pendiente del aplauso.

No soy tan dependiente de la atención.

No soy siquiera independiente de la crítica, ni atento de ella.

Pero igual que bien se siente cuando en estos blogs, que ya sabemos escribimos más por una suerte de principios que cantidad de lectores, esa línea de las estadísticas de quienes han revisado el blog indica una mayor cantidad.

Deben estar muy ociosos o yo yo debo tener mucha suerte, pero igual gracias a quienes lo revisan.

Les voy a contar una historia que hace tiempo oí -para los que me conocen saben que mi esencia es contar historias (en música, teatro, escritos, intervenciones, tv, etc.); así que voy a contarles, les decía, una historia que debe sintetizar la razón mi ser y de la existencia de este blog, y el porqué sonreir cuando las estadísticas indican que se llega a más gente.

Dice así:

Salió un día Nasrudin a caminar por el mundo.

En eso llegó a una plaza bastante transitada, así que tomó un banquito que llevaba entre sus bártulos y parose encima del mismo. Y empezó a contar cuentos, a contar historias.

Y la gente empezó a asomarse. Y les contó la historia de la piedra azul, que escuchó alguna vez de otro cuenta cosas, y también la historia del hombre que fue al carnaval de Venecia. Contó historias vividas, oídas e inventadas, pero todas reales.

Y se junto un grupo de hasta unas 200 personas que lo escucharon extasiados por unas 3 horas en que se detuvo porque había que tomar algo de líquido. La ausencia de líquido causa deshidratación -así decía Rolo que estudiaba para médico pero que acabó en EsSalud que es la seguridad social de mi país pero con un nombre que más parece un sarcasmo.

Nasrudín tomó su agüita y se fue a ver de hacer la vida, comer algo y estudiar para el día siguiente.

Y ese día siguiente llegó como llegan todos los días siguientes. es decir fresco y prometedor.

Para las 11 de la mañana fue otra vez a la plaza y pusose a contar cuentos de nuevo y así estuvo otro montón de horas… pero, esta vez la concurrencia fue menor. Y al otro día menor, y al otro día menor, y menor y menor…

Y finalmente  llegó el día -porqué siempre llega el día- en que nadie se detuvo a oír y Nasrudín… Nasrudín se sintió re mal. Entonces se puso a pensar que hacer y llegó a una solución.

Cerró los ojos.

Así es cerró los ojos y parado sobre su banquito sigui narrando sus historias.

De pronto se acercó un niño y jaló la manga de su chompa. Nasrudín volteó al tiempo que abría los ojos.

“Señor, dijo el nene.¡¡¡¿Está usted looocooo? Esta habla que te habla que te habla y acá yo no veo a nadie que le este oyendo!!!”

“¿Sabes?, contestó Nasrudín, antes yo contaba historias porqué trataba de cambiar al mundo. Ahora las cuento para que el mundo no me cambié a mí.”

 

Y esa es la razón.

Y por eso no estoy TAN pendiente del aplauso, de la atención, ni de la crítica.

 

EuxemeOrígenes

T3LG147

AQP -PE

 

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Cien Días

Cien días de camino. Hoy: cien días de camino.

Como las estúpidas alarmas de esos coches de unos estúpidos que ni salen a desactivarlas. Taa Taa Taa Taa, tiu iu iu iu , eh eh eh eh  tuuuu tuuuu….

Cien días de camino y me bajo al medio de la nada.

Junto a la cuneta, un coche de esos “mini cooper”. 

Llegué tarde una vez más. Cuando pensaste que te amaba y todo resultó como un viaje frustrado.

Decidí viajar a tu costado. Rayos, estos cochecitos no es que uno suba, sino más bien que uno se los pone.

Tu mirada vagaba inocente entre la carretera, el reproductor de música y mis ojos.

Brillante la luz acompaña la adulto contemporánea y de tu garganta surgen cristalinas las risas nerviosas que me invitaron tantas veces a besarte.

Y hoy, ni tu recuerdo. Y lo que puedo recordar en todo caso es el estúpido: “Taa Taa Taa Taa, tiu iu iu iu , eh eh eh eh  tuuuu tuuuu…”

Podrías ser. Pero no eres más. La perpleja y parapléjica sonrisa en tu calavera me hace tomar consciencia. Pero es raro. No me veo a mí a tu lado. No estoy en ninguna parte del cooper -¿se dice así, no?-, es como si me lo hubiera quitado.

Y avanzado bajo el ardiente. Y llegado a avisar. Y regresar. Son cien días. ¿Qué más podía hacer?

No me quedé a tu lado. Cuando pensaste que te amaba se apagaron tus ojos en un instante y mi cuerpo salió volando quebrando el parabrisas en mil recuerdos por segundo que hoy ya no tengo.

Pudiste ser, pero no, no fuimos nunca.

Y hoy, al lado de la cuneta, tu sonrisa es la ausencia de carne.

Cien días son muy pocos, pero este sol y las carroñeras se encargaron de pelarnos y dejar en nuestras caras la estupidez de tener por todo réquiem esa estúpida alarma.

Cuando alguien se detenga a buscarnos, ahí, al lado de esa carretera por la que diariamente pasa tanto coche, pero en la que nadie hace una pausa para ver hacia abajo, entonces verán el cooper, tu cuerpo, y con suerte el mío. Y ni idea tendrán de quienes fuimos ni de que nos pasó.

Nos recogerán, si es que, y nos enterrarán anónimos, como vivimos.

Pero por hoy, parece que no.

Son sólo cien días…

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