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Siempre igual (*)

La ambición.

Escribiré porque al final todo se escribe solo.

La ambición y la decepción.

Es la ambición mala? No. Es el límite de lo que nos tienta a hacer lo que la convierte en lo que debe ser.

No me gusta hablar mal de nadie. Pero a veces se me hace inevitable y entonces suelto algo de lo que me arrepiento en el segundo siguiente.

Y siempre me pasa. Hago el papel del tonto en esta película que es la vida de los otros.

Conceder. Fallar. Caer. Levantarse. Darse ánimos y medir. Tratar de calcular y no ver la bomba ante uno mismo.

Yo no trabajo para eso.

La ambición es buena si se controla. Yo tengo mucha ambición. Ambiciono vivir de acuerdo a lo que considero correcto. Ambiciono ser íntegro. Nunca lo logro.

Ambiciono poder vivir y respirar en un espacio amplio y compartido. En el que las cosas se digan claro y sin segundas intenciones. En el que se destaque de manera directa el fin de la ambición, el objetivo, la meta. Pero suele pasar que en el camino me enamoro del camino. Y entonces descubro que no hay metas, o que no son las que se habían pintado. Desde luego esto me frustra. Entonces las cosas no se logran. Se malogran. Me mal logro.

Y ahora estoy aquí otra vez especulando y tratando de ver en que me equivoqué, y resulta que fue en tratar de ser lo más claro y honesto posible. Tratar se ser. Y no, no logro.

Acá vamos otra vez al profundo agujero de la auto conmiseración y desencanto. Con más cinismo. Ese cinismo que sólo me afecta a mí. Hoy muero un poco y mañana muero un poco más. Que desencanto es la primera sacada de vuelta. Que te la saquen o que tú lo hagas es igual. Te sacan la vuelta la familia, la mujer, los amigos, los socios, los conocidos, los compañeros de trabajo, los colegas, el vendedor del pan, el portero del trabajo, el jefe número uno del trabajo -siempre hay un uno, un dos, y así…-, la tele, el arte en general y la música en particular, y sobre todo el inconsciente.

Te sacan la vuelta hasta los recuerdos.

Y no es fácil superarlo. Nunca es fácil. La decepción es tan grande que te mata las primeras ambiciones porque ves que aparecieron las otras. No las que te motivan, sino las que dominan.

“Y siempre igual, sólo ilusiones perdidas en la obscuridad…”

*(Siempre Igual, La Banda Azul)

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Lamerte los labios

Onírica humedad

que despeguen tus instrumentos,

hechos para crear

el delirio de tus pensamientos;

crear palabras

que nos mojan

la piel

para creer

el sueño copular de los dos.

 

Adivinar, entrever,

por abismos coronados de morbo,

con dedos lamer

la herida que aún no rasgo del todo

invocar la magia

y quemarnos

los dos

un acto carnal sin pensar,

somos dos.

 

Cumplimos con saltar la calma,

en no man’s land mi mano en tu espalda

salté seguros con tu consentimiento

lamiendo con ansias de tus labios secretos…

 

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Sentido (Los Antihéroes)

¿?/97

Esta es un historia de diversos personajes.

Hay una familia, un niño, unos ecologistas, unos amigos.

Hay una ballena.

Todo empieza cuando la familia del niño (12 años, cabellos rubios hasta los hombros, de nombre Rick, casi un figurín de cine) llega a veranear a un balneario con los amigos ecologistas (entiéndase algo así como el greenpeace).

El figurín sale a pasear en una tarde nublada por la orilla del mar.

Melodramáticamente recuerda, a la luz del sunset, como al llegar hacía unos veinte días no le agradaba mucho el lugar.

Pero como sucede con la mayoría de los adorables niños, se olvidó de sus problemas apenas hizo amigos.

Así pues caminaba por la playa cuando de pronto distinguió un bulto en la orilla, bajo el agua.

Se acercó a curiosear, ¡que simpático!, y vio una pequeña ballena varada (suele suceder).

Él corrió con sus brillantes cabellos rubios (misma estampita de primera comunión) a la casa de los buenos vecinos y amigos ecologistas.

Eso es lo que llamo algo providencial.

Fueron a ver al animal siguiendo al héroe, digo, para diferenciar.

Luego fueron 4, y 5  y muchos más los que se congregaron.

Llegó la TV y entrevistó a los ecologistas y al prospecto de actor: Rick, amigo de los animales.

Luego, la cruzada. Tratar de devolver al cetáceo al mar. Pero no podían, pesaba mucho.

Durmieron.

Sí, hicieron campamentos en la orilla con fiesta y todo.

Al día siguiente salió la nota en los diarios de toda la bahía (la nota de la ballena, no la de la fiestecita).

Fabricaron una especie de plataforma que ubicarían bajo el cetáceo (creo que ya usé este término) para luego remolcarlo.

Lo lograron pero a medias, el bicho pesaba demasiado.

Uno de los ecologistas sostuvo esa segunda noche una entrevista con el hombre más visto de la televisión local.

Esbozó la teoría de que el animal en cuestión se había alejado mucho de la manada y se hallaba extraviado en un lugar no muy familiar.

No sabemos con certeza si se refería a la ballena o a él mismo.

Bueno, luego de muchos devaneos e intentos a alguien se le ocurrió una magnífica solución.

¡Claro! ¡fue a Rick!

La idea era ir al Instituto de Investigación Oceanográfica (todos los sitios de veraneo tienen uno) para traer unas cintas con la grabación de las voces de las ballenas.

Esto ya parece una película clase b de los yanquis, en fin, ya falta poco.

Un bote, el equipo marino, parlantes de alta frecuencia y bolsas aislantes para montar el concierto submarino.

La ballena escuchó y reaccionó, sin mayor dificultad se internó en el mar.

Todos aplaudieron.

Y aplaudieron también al héroe: Rick.

Rick, el muchacho que dio la voz de alerta.

Rick, a quien se le ocurrió la solución acertada.

Rick, el fingurín de Hollywood.

Un Happy End.

Pero…

“Hijos de puta” iba pensando la joven ballena, “primero cazan a mi madre, luego veo como los pescadores de las bolicheras asesinan a mis amigos y parientes…

“¿Para esto vivo?

“No, me digo, vamos a morir a una agradable playa tropical, y estos desgraciados primero forzándome a regresar, y luego esos estúpidos sonidos…

“Mejor voy a morir a otro lugar. Desgraciados.

“Si supiera a qué imbécil se le ocurrió la idea…”

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Salida 23

Sales y ves.

Tú ves.

Sales en la mañana y lo primero es una conciliación.  Hay que acomodar algunas cosas si tienes l muerte como norte de pensamientos desde hace tanto ya que ni recuerdas.

Concilias. No lo haces por afán de mejorar, sólo por afán de persistir. Porqué hay otras formas, pero no te interesan. No cuando sales y ves. No hoy. No ayer. Así que sales y concilias porqué es lo que hay. Avanzas y desprecias porque parte de esa conciliación ni siquiera la entiendes, ellos menos, es verdad. Pero notar que están tan errados te muestra como en un espejo tus propias derrotas. Aún quedan amigos te dices. Una gente que te muestre un poco de  eso que buscas. No sabes que es, pero al verlo lo encontrarás como respuesta de toda la vida de un día, de una hora, de un minuto.

Sales y buscas respuestas pues.

Odias. Lo sabes. Crees que todos odian pero no se dieron cuenta. Te odias. por eso buscas las respuestas. Por eso no las encuentras. Los sitios siempre son inadecuados. Pero aparece aquí, como gran figura una barba. y te aferras a la barba. Pero la barba crece desmesuradamente como en “El Pájaro” y te sientes que ya no sujetas la bartba, sino un trozo más y ya no es especial. La barba creciente de pronto deja de ser refugio y empieza a estrangular.

Huyes de ese sitio, sueltas la barba y corres a buscar refugio. Pero la barba te mira con ojos lastimeros desde atrás el cráneo y que te queda?

Sales.

Un último intento y aparece la mujer inesperada. Cordialidad y preocupación. ETA tarde. muy tarde. Años tarde. Necesitas tiempo. Pausa. Segundos fuera!. Tú solo y sólo tu. La cordialidad, enamorada de su maldad, sonríe tras las máscara del casual encentro para el que te han hecho andar por semanas. El tiempo es relativo… No, el tiempo no existe, y por eso pasa… Pasamos.

Y sales. Sales a implorar más tiempo.

Pero la arena ya casi se agota y las estatuas de sal no ven hacia adelante.

Las buenas ideas se van y sólo queda el mal gusto. Lo fácil. Lo común. Nadie ve más que atrás, y se conducen por un traidor convertor de sal al que el complejo no le da para más. Y Denegri dirá “convertor no existe, debe ser convertidor”, pero no te interesa.

que la palabra importante es la otra. Traidor. Como Caín, como Judas. Como tú.

Como ella. Como ellos.Como ellas.

Así que sólo sales.

Sales y ves.

Sales y te vas.

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Mortem

191/93

 

Yo, no es que quiera no conversar, si no hablar.

No quiero abrir la boca ni mi ojo derecho, derecho…

Es que duele casi como toda herida que no puedo ver pasar sin sufrir un poco, ¿entiendes?

Y tú, ¿por qué no quieres hablar?

La cerveza me arde y háceme doler la tripa, quema y pesa, y además odio las aceitunas.

Y ayer tuve un sueño que te estuve contando. Morí por un rato. Lo habitual.

Y no sé más.

Luego soñé toda la noche. No descansé nada.

Insisto, creo que morí.

Entonces apareció.

Pero esto es después.

Yo sólo recuerdo en mí que desperté haciéndote el amor en otro sueño.

Pero éste era diferente, más aun, y parecido a como cuando morí.

Porque realmente morí.

Abjuré de todo, de mi dios, de Dios, de ti y de los hombres.

Ayer sólo quise pelear contigo, y no quería conscientemente y no lo hice.

Pero cuando iba a tu casa yo ya no quería nada. (¡Cuántos los que de mi dicen: Dios, ya no quiere saber nada! ¡Levántate Señor! ¡Sálvame Dios mío!*)

Y creo casi odiaba. Odiaba todo.

Tanto como aquella otra vez, y eso causa pena. Una gran pena de llorar.

Bueno, yo soñé.

Todo era un sueño en mis cuadernos.

No te culpo si ya no quieres leerlo.

Claro que luego yo te lo reprocharía (¿?)

Pero no te culpo.

Yo no soñé esto.

Esto lo viví anoche, cuando éramos uno y no dos. Yo me vi en una obscuridad absoluta. Yo había muerto y muerto estaba.

Sin miedo al principio. Con pena, y pánico después. Sólo que yo supe…

Era todo muy obscuro y yo sentí esa respiración en mi cuarto con llave.  Yo no sé si los demás lo crean, pero yo pensé “mierda, ¿quién se ha metido?”.

Antes yo había renegado de Dios.

Yo que me atreví a desafiar a Pedro y Adán.

Pero seguramente así también estuvo escrito, y no soy yo un santo, pero pensé que entro alguien en mi cuarto sin derecho, derecho…

A mi santuario.

Y me enfurezco.

Primero traté de abrir mis ojos y no podía. Eran de plomo y no se podían abrir por nada.

Me dio miedo y recordé lo de los otros cuadernos y las cosas que sentí antes sobre la muerte, la inanición y la pelea; pero siempre se combinan.

Y esta vez yo había peleado con el Creador y Criador.

Y entonces temeroso abrí los ojos y lo que vi fue esto: [hábito de fraile, la capucha y las sombras no dejan ver la cara,  no se ve si hay alguien o no, pero parece con forma]

Y mi susto vestía jean azul y una especie de sotana entre morada y negra.

Yo dije “¿Por qué no como en dinosaurios? Como un pasaje entre nubes claras” pero no era Zodonegro y con ese personaje mudando y exprimiendo toda la luz de mi habitación.

Yo sentí miedo y me dije lo justo es lo justo, y justo es que no camine entre nubes sino que en cuarto obscuro esté. Y así como supe que sería con las otras tres experiencias anteriores, supe que era otro tipo  de muerte.

Excepción.

Luego sonó el teléfono, y como las otras veces quise gritar. Gritar muy alto, y no pude.

Luego sonó otra vez el teléfono.

Y por fin pude romper el encanto y abrir los ojos.

Y cuando los abrí hubo miedo.

Y tuve que abrir la puerta, sacar lo que no era mío y por fin dejar la puerta abierta a los ruidos y luces molestas que quitan el sueño, para poder conciliarlo y dormir.

 

(la noche del 9 al 10 de julio de 1993)

 

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Historia para un Blue Cat

Este cuento lo escribí en 1990. Creía entonces que el amor entre dos personas era capaz de romper cualquier barrera y vencer cualquier obstáculo si era real.Han pasado 20 años y el desengaño me hace ver que ser testigo de la inhumanidad de la bestia homínida no debió comprometerme ni a favor ni en contra. Ahora, con paz y cierta desazón por la inocencia perdida, veo que es mejor ser un espejo. Habrá quienes crean en el amor y la dignidad humanas. Yo al descreer dejo de ser lo que idealicé alguna vez. Y con lástima veo que de una u otra forma la bestia tiene las de ganar y ni siquiera es consciente de ello. Es parte de la envoltura. El humano… es solamente un mito.

noviembre 2010.

Blue Cat

 

332/90

 

Hay un mito.

Un mito popular tal como que pasar por debajo de una escalera o que se cruce en el camino de uno un gato negro trae mala suerte.

Bien, no se hasta que punto sean ciertas o falsas estas creencias, lo que sé es que a los gatos hay que temerles, cualquiera sea su color.

Yo particularmente les detesto, sea de día o peor aún de noche; no soporto tener a mi lado a uno de estos felinos con sus ojos fríos, enigmáticos e impersonales.

Siento deseos criminales y si pudiera los mataría.

Les detesto, sobre todo cuando abren su hocico y se puede ver dentro de sus satánicas fauces, como si fueran un arsenal de armas blancas, como sables y cuchillos, como afilados puñales esa colección de colmillos y desgarradores dientes que las adornan, brillando como sus refulgentes ojos.

Son realmente demonios.

Fue eso lo que más asco me dio de este viejo libro que saqué de la biblioteca: No fue fácil, no …

 

– Hola Derek, ¿Qué fue?, ¿te aceptó Carmen?

 

Carmencita era una preciosidad.

Tenía ese andar suyo de gacela en el que movía hasta el último hueso de esa estructura ósea recubierta con la cantidad justa de tejidos donde debía.

Yo la había conocido hacía un par de meses en la clase de debate que llevamos juntos en la pequeña Universidad de Brefo.

Me cayó tan bien que inmediatamente le propuse salir juntos, a lo que respondió con una negativa.

Sin embargo, y con no poco esfuerzo, conseguí me tuviese confianza, y salimos un par de sábados a bailar.

Por ese entonces fue que llegó Carlitos, mi mejor amigo en la preparatoria.

Carlos es todo lo que cabe esperar del típico estudiante perfecto.

Era alto, de finas facciones, trato carismático y amable, un genio en matemáticas y ciencias, y como si todo lo dicho fuese poco, un olímpico deportista, sobresaliendo en baloncesto.

Lejos por eso de ser pedante o altanero, era cordial y amigable con todos, lo cual atraía la simpatía de alumnos y docentes.

Siendo yo su mejor amigo, estaba orgulloso de él, y también agradecido porque me ayudaba en los cursos, me daba sanos consejos acerca de mi disipada conducta (aunque esto le divertía enormemente) y me sacaba de líos.

 

A esta altura ya todo le llamaban “Carlitos” cariñosamente como una broma por su grandioso y proporcional desarrollo físico.

Cuando llegó a Brefo lo presenté a todos a mis conocidos y amigos, incluyendo a Simón y Carmencita.

Con todo siempre me dedicó su especial amistad.

Creo que allí empezó todo.

Cuando le presenté a Carmen quedó embobado de tal forma, que no pude menos que enorgullecerme.

Pensaba “Tengo un gran amigo y una futura, hermosa e inteligente novia, ¿Qué más puedo desear?”.

Pero alto.

Hice planes antes de tiempo, y noté un cierto alejamiento por parte de ambos y quedé solo con Simón, quién me insinuaba la relación entre Carlos y Carmen, pero lógico yo no quería ver lo evidente, eran tal para cual.

Y llegó el desenlace, yo le iba a pedir a Carmen que fuese mi enamorada.

Recuerdo esa imbécil y estúpida noche de sábado en que fuimos a “Ernies”, un bar con buena música, pista de baile, pantalla de videos y vídeo juegos, estaba muy de moda.

Me costó mucho convencerla a ir conmigo, mas lo logré.

 

Para colmo de males le compré a Simón un anillo para Carmen y él no me dijo que lo obtuvo como obsequio por la compra de una gargantilla.

Llegó el momento.

– Carmen -dije acariciando en  mi bolsillo la caja que contenía el aro- sabes lo que siento por ti, y créeme, también sé lo que tu sientes, para que engañarnos…

– Cierto -me interrumpió ella, ante mi asombro agregó- no debemos engañarnos, sinceramente no creí que fuera tan fácil y temía herirte, pero parece que lo comprendes todo tan bien- dijo con su hermosa sonrisa – Estoy enamorando con Carlos y me alegra que lo comprendas…

No pude oír más.

Supongo que no soy el primero ni el único que pasó por esto.

Pero todo me parecía un sueño.

La caja y anillo rodaron de mi mano al suelo recuerdo vagamente como después la tuve en le bolsillo.

Veo al mozo dándome algo, y yo agradezco mecánicamente.

Veo como a través de una nube a Carmen que me pregunta si me siento bien.

Reacciono y acaricio la caja del aro queriendo sea la culata de un revólver.

Me maldigo interiormente pero respondo sin afectación visible:

– Lo sé, lo sé- mientras esbozo mi mejor sonrisa falsa – ahora todo es mejor. Tu sabes, él no es de acá, y una compañía especial es siempre buena – no resisto más- ¡Oh! La hora, discúlpame un instante, debo llamar por teléfono.

 

Fui al baño.

Estaba furioso conmigo mismo.

Tomé aire y regresé a mi mesa.

Desde allí la vi en la pista bailando con Carlos, como si rieran (cosa que no hacían), bailaban abrazados así que pagué y me fui.

– ¡Derek!, ¿te aceptó o no? – insistió sin saber Simón.

– No, no me declaré- le respondí casi gritando, – y toma tu estúpido anillo: está con Carlos, lo ama  a él ve y dícelo a todo el mundo.

– ¡Hombre!, no es para tanto, hay otras chicas.

¡Claro!, siempre había otras chicas, pero eran otras, yo quería a Carmen y nada más.

– Bien, vamos a clases, ya es hora- dijo y se acercó a conversar con otras chicas rumbo a la clase.

– ¡Hola Derek! – llamó la hermosa voz detrás mío.

-¡¡¡Carmen!!!

– Sí, Carlos y yo nos preguntamos dónde podías haberte metido en la noche y todo el domingo de ayer, – fuiste a telefonear y ya no te vimos…

– Este…, claro, ¿sabes?, me sentí repentinamente mal y estando ya tu en buena compañía…, además como te dije tenía que estudiar… para hoy- dije entre balbuceos- disculpa, corro a mi examen o no llego- termine gritando a toda carrera y tropezando al subir las gradas rumbo a mi clase.

Ya en el aula me llamaron la atención por no prestarla.

Pero cómo podía yo pensar en nada sino en Carmen y Carlos ?!

¿Cómo trataría ahora a Carlos?

¿Con rencor?

La verdad es que él no sabía que yo la quería para mí, y no me traicionó, él no sabía nada.

Bien, la situación seguiría como si nada hubiera acontecido.

Yo sabría disimular.

 

 

Pasó una semana, sin embargo ya nada era igual.

Eran ellos dos, y aparte yo.

Sin embargo Simón advirtió mi pesadumbre, y una vez en privado sacó a relucir el tema.

– Hombre si estás tan obsesionado usa magia…

– ¡Si claro!, Abracadabra ven a mi cama…, no seas imbécil.

Terminó en otra discusión inútil.

¿Inútil?, obsesión, magia…

Después de todo valía la pena intentarlo.

¿Cómo era eso de “en la guerra y en el amor…”?

 

Así fue como me hice con este libro “Ocultismo, Magia Negra y Ciencias Relacionadas”, rezaba el título del negro libro con gatos en la portada.

Ese gato horrible como un demonio en alto relieve.

Hojeé el índice “…mm…dinero…mm mm – no me interesa por el momento – mm… negocios… salud…m…amor…¡AMOR!- eso es- a ver capítulo 7 -vaya el 7 fue siempre mi número favorito.

 

“Entonces se pondrá la foto de la persona amada (debe ser una donde Carmen aparezca sola, para no disminuir la fuerza del hechizo, el libro no lo dice, pero es mejor), en medio de los dos espejos que estén viéndose entre sí, con el espejo denominado macho (el más grande) viendo a la vez por donde se pone el sol.

La vela, nueva y perfumada se pondrá sin otro soporte mas que el de su propia cera, detrás del espejo hembra.

Luego se fumará un cigarrillo negro de propia fabricación, o el primero de una cajetilla nueva, se encenderá la vela y se fumará íntegro con el mismo fuego, es decir, no se dejará que se consuma solo.

Mientras se fume se echará el humo sobre la foto repitiendo en alta voz el nombre de la persona amada.

Cada vez que se eche el humo a la foto, se agregará el mantra ven a mí”.

 

¡Eso era!!!

Me fui a conseguir todo lo que necesitaba.

Vela, foto… ¡FOTO!!!, yo no tengo fotos de ella.

Me las arreglo con una foto de la fiesta del primer baile semestral.

Llego a casa y me encierro.

Empezó el hechizo.

 

Cuando hube fumado ya más de medio cigarro me mareo, mas como estoy decidido a todo voy a seguir.

Fue entonces que me pareció que la foto lloraba, me dije idiota, y lo atribuí al mareo, creyendo que lo imaginé.

Entonces el reflejo en el espejo pequeño se deformó dando imagen a Carmen por sobre las demás gentes en la foto, maldición, sabía que debió haber sido una foto de ella sola.

Y el reflejo habló:

 

– No Derek, no es tu imaginación.

– ¡Carmencita!!!

– Sí, soy yo – me dijo llorando – jamás pensé que harías algo así, ya nunca más podré verte a los ojos, me repugnas, ¿no te das cuenta?, eres un miserable y egoísta ser sin escrúpulos.

– Pero yo, Carmen óyeme…

– ¿Qué me vas a decir?, ¿otras mentiras?, ¿otras estupideces?, ¿quién te crees que eres?

– Fue muy difícil, pero es que yo te amo, sólo quería que fueras mía…

– ¡Claro tuya!, y así con brujería: ¿Es que piensas que podría amar a un ser tan egoísta?

– Carmen yo…

 

La foto lloró y lloró.

El humo del cigarro invadía toda la habitación.

Era tan denso que uno podía recostarse en él.

La imagen de Carmen empezó a cambiar en uno de los espejos.

Sí, la imagen en uno de los espejos, no recuerdo cual, ya no era la de Carmen, sino era la de Carlos, y me invadió una profunda vergüenza.

 

– ¿Qué has hecho? – yo sólo pude bajar los ojos – ¿Por qué me has traicionado?, caray, y yo que siempre creí y confié en ti. Si te molestaba algo ¿por qué no lo dijiste?, ¡Claro!, total eres tan falso que jamás hablabas traidor.

– ¿Y tú?, ¿tú qué?, te traje aquí, te convencí a venir ¿y?, tu me la quitaste, ¿qué me recriminas ahora?

– Sabes bien que no, no te pedí venir, y tu nunca me dijiste nada acerca de lo que sentías por Carmen. Yo siempre te aprecié, cuando necesitaste mi apoyo te lo di, cuando quisiste un consejo no te lo negué, “te defendí como a un hermano”

“Me quedé ayudándote para los exámenes y tu ¿qué haces?

“Noche tras noche, tormenta tras tormenta, cada problema, cada pequeña cosa, sin importar el tiempo, estuve a tu lado, ¿para esto? – yo me sentía venir abajo – Pero sabes igual que te perdono.

– No necesito tu perdón – estallé.

 

El maldito cigarro me asfixiaba y rodó finalmente de entre mis dedos, quise pisarlo, apagarlo, pero no podía pese a que vi la brasa naranja brillando entre la espesísima nube de humo que se extendía invadiendo todo, y cuando la pisé, me di cuenta que eran los ojos del gato en alto relieve de la tapa del libro de brujería.

 

– Dios, ¿qué pasa? – fuera del dormitorio.

– ¡Traidor, cruel, traidor…!!! – me gritaban los espejos.

 

El cigarro rodó hasta llegar a la foto que comenzó a arder rápidamente.

 

– ¡Abre la puerta Derek!, ¡Fuego! – oí a mi hermano gritar tras la puerta – ¡Incendio!!!

 

Yo corrí a abrirles y no pude.

Encima de mi cama había un espejo y de este salió una mano (?) que me asió por el cuello y me introdujo en él.

Me absorbió.

Se abrió la ventana, y el viento se llevó las cenizas de la foto.

Empezaron a empujar la puerta, parecía que se venía abajo.

El viento hizo caer los espejos y estos se quebraron, en tanto el humo se disipaba rápidamente.

Finalmente se abrió la puerta.

 

– ¡Derek!!! – gritó mi padre – ¡qué raro!, no hay nada, no hay fuego, no hay Derek, sólo esta ventana abierta, seguro que por aquí entró el humo de algún otro sitio.

– ¡Aquí, aquí!!!, ¡Padre!!! – gritaba yo en el espejo.

 

Y aunque mi voz sonaba fuerte y con un eco cavernoso, repercutiendo increíblemente en el vacío, nadie me oyó. Nadie.

No sé hace cuánto estoy aquí.

Es raro, sin frío, sin calor, ni nada.

Ni hambre, ni sueño, sólo angustia, y las paredes blancas que realmente no existen y que puedo traspasar.

Gente que tampoco me ve y que se asusta cuando tiro algo.

Debe ser el infierno.

Lo único que tengo aquí y que no puedo usar es esta estúpida caja de cigarros y estos trozos de cristal de espejo.

Hoy me asomé por el espejo de mi sala que para mi es como una ventana.

Mi madre aún llora mi ausencia.

Creen que me he fugado huyendo de una depresión, o que me han raptado o matado.

Nadie sabe nada de mi.

¿Nadie?

No, falso, hoy vinieron a consolar a mi madre Simón, Carmen y Carlos.

Conversaron mucho acerca de mi.

Luego se levantaron para despedirse y marcharse.

Carmen se arregló frente a este espejo, y pasándose un dedo por la garganta, sonrió, guiñó un ojo y me mandó un beso; por detrás se acercó Carlos e hizo el ademán de tirar un puñetazo contra mi y romper el espejo.

Pero no lo rompió.

Quizás hubiera sido mejor que lo hiciese.

 

El sol entraba suavemente por la ventana.

Era ese sol de 3 de la tarde y calentaba deliciosamente a la dulce anciana que controlaba la biblioteca.

El joven, casi un niño, debería tener unos catorce años y al acercarse con el gran libro negro a su espalda, parecía algo avergonzado de solicitarlo.

No quería que la gente pensase que era supersticioso.

Finalmente lo llevó donde la viejecita y ésta llenó la ficha de cargo, el joven firmó.

– Gracias señorita…

– Carmen – contestó – señorita Carmen.

 

El gato de la tapa le guiñó un ojo y ambos sonrieron…

 

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Paper Eater

217/97

098/99

“ Hoy te veré

como en treinta y cinco años

y no sé dónde estés

y si no fuera

porque el deseo está dormido

yo te despertaría

en otros tantos siglos.

Te hablo, de hecho, hoy,

de reinos de papel

con sentidos, recuerdo y dolor,

ternura, amor y fe.

Hoy te veré

como en treinta y cinco más

y te reconoceré

dulce Oria Mers”.

“Dentro de unos minutos más, será más tarde”, reflexionaba el impasible Esperando al Tiempo, en tanto su columpio se balanceaba cual péndulo de reloj antiguo.

Pronto la noticia de su reflexión se supo en todo el Condado De Hecho.

En el palacete el Conde de Hecho lo tomó como un vaticinio y ordenó a la Mayor Catástrofe que trajera a los adivinos  y mágicos para que le explicaran lo que Esperando al Tiempo había querido decir.

Se junto a un grupo de 65 individuos (lo recuerdo bien) que de hecho no sabían nada.

La Mayor Catástrofe los había sacado del Anonimato, barrio aledaño al Condado De Hecho; y ofrecióles gran Recompensa si profetizaban acerca de la reflexión de Esperando al Tiempo.

Fueron luego  traslados a la carceleta Ignorancia por medio de los engaños.

En el Condado De Hecho, todo era posible.

Ya reunidos en la sala mayor, el interrogatorio lo inicio el conde, de hecho.

“Dentro de unos minutos será más tarde, ¿para qué?”

“No ha podido venir” dijo uno de los engaños “se ha quedado en la Ignorancia

La Mayor Catástrofe le dio un golpe y le ordeno callar.

Ya protestó diciendo que su hermana no había podido venir porque se sentía mal; su nombre era Para.

“¿Tu hermana se llama Para?” preguntó asombrada la Mayor, al oír un nombre tan extraño para una persona.

“Así es”

“¿Y tú?”

Ya

“Ya ¿qué?”

“Exacto” contesto, con lo que todos se sintieron más tranquilos, salvo el conde, de hecho.

“Señor, de hecho ha habido una confusión” dijo la Mayor, y explicó todo lo sucedido.

“¡Ah!”, dijo el conde cuando hubo entendido y dirigiéndose a Ya Qué le dijo: “extraño denominativo el de tu hermana”

“¿De cuál?”

“¿Tu otra hermana se llama Cuál?”

“No señor, le pregunto a cuál de mis hermanas se refiere” dijo.

“¿Cómo, cuántas son?” indagó el conde.

“Dos señor” atinó a decir ya asustado un poco.

“¿Cómo se llaman?”

Para, la mayor, y la menor no”

“¿Se llama No la menor?”, preguntó la mayor.

“No señora, la menor no tiene nombre pero le dicen Paper Eater

“¿Por qué?”, inquirió de hecho el conde, que aunque estaba en la mayor ignorancia quería aparentar otra cosa.

“Ese es mi hermano” y señaló a Por al lado del conde.

“No, que porqué le dicen Paper Eater

“Por alienados” dijo y ya.

De pronto Esperando al Tiempo volvió a hablar, lo que era bastante extraño para un solo día, ya que de hecho casi nunca hablaba.

Dijo simplemente “Paper Eater

Debo aclara que esta historia ya estaba escrita, así como la historia de cada uno, y la sin nombre Paper Eater se comía los papeles desde que conversó con Oria Mers, ya que la gente no debía conocer su historia, es decir tampoco la de cada uno mismo y la de ella.

La sin nombre se comía la historia de los reinos de papel escrita en los papeles para desaparecerla.

Sin embargo me dejo pasar y ser testigo de estos hechos cuando fue llamada por el Conde De Hecho y la Mayor Catástrofe.

Así fue llevada a la Ignorancia después de ser sacada del Anonimato por engaños.

Así pude yo robar estas páginas, ya escritas y en blanco, y sólo por eso te debo Sin Embargo un favor.

“Si cada reino es una historia, cada historia es un reino de papel para la Paper Eater” solía decir él.

Paper Eater” dijo Ya “le dice Todo el Mundo. Antes no tenía nombre alguno, ya que decía que De Hecho no saldría jamás un nombre con sentido”

“¿Y qué?”, dijo la mayor.

“Bueno, ese sería su apellido, si fuera realmente mi hermana, y de Por y Para Qué, pero la verdad es que la hallamos abandonada. creo que fue al tiempo que Esperando llegó.”

“De acuerdo, de acuerdo” dijo el conde que no podía disimular el malestar de no entender nada.

Generalmente son los que no saben nada de nada los que gobiernan con ayuda de engaños.

“De acuerdo” repitió por vez tercera, “pero… dime Por Qué… ¿por qué la mención del será más tarde y Paper de al Tiempo

“Lo ignoro señor”

“¿Cómo te atreves a ignorar al conde?” gruño la Catástrofe a la vez que le daba una cachetada.

“Señora, creo que lo que ignora es la mención” afirmó Ya.

“Yo no ignoro nada” y nueva bofetada.

“No usted, yo” dijo porque se estaba armando una terrible confusión.

Luego de tres horas, ya qué todos eran muy comprensivos y jamás se entendían (como las religiones), la discusión se tornaba aburrida y sin solución.

Sin Embargo se decidió traer a la  sin nombre para aclarar el embrollo.

Al cabo de un momento se presento ante los comunes a la sin nombre.

“¿Tu nombre?” preguntó la mayor.

“…”

“No pierda el tiempo”

“Aquí estoy” dijo Esperando.

“No, que la mayor no pierda el tiempo, es lo que quiero decir. Ya sabemos que no tiene nombre y que le dicen Paper Eater” dijo rabiando el conde.

Paper…” repitió al Tiempo, y nadie se percataba que estaba muy hablador ese día.

“Aquí estoy, he venido porque luego será tarde”

“Eso es” dijo exaltado el Conde De Hecho “eso es. ¿Qué quiere decir?”

“No, gracias” contestaron al unísono Ya y Por.

“No, que qué significa esa frase”

“It means…”

“¿Le dije que andaban alienados?” interrumpió la mayor.

“Basta, desalojen la sala todos” dijo enfurecido el conde, “y tú” señalando a la Paper, “Ven conmigo”

Una vez que salieron todos los comunes el conde se inclinó sobre la sin nombre y le dijo:

“Tu cara me es familiar.¿No será que nos hemos visto antes?”

“No lo creo” contestó la joven.

“¿A qué te dedicas?”

“Como papel”

“Eso no es una profesión”

“No tengo título ni oficio, usted tiene una actitud, yo tengo un punto de vista”

“Yo soy conde, tengo título, y si quiero tengo uno o dos o todos los puntos de vista que me de la gana, y si no los tengo me los puedo mandar a comprar con los engaños

“Eso es obvio”

“¡¡¡Esperando!!!” llamó furioso el conde.

“…” entró ya normal y silencioso al tiempo que miraba a la joven. Pero no estuvo así por mucho tiempo.

Yo no lo vi, pero puedo atestiguar que así estaba siendo escrito en las páginas en blanco que robe a la sin nombre. Las iba leyendo en privado. Nadie debe saber su historia, por lo menos mientras esta pasando. Así también piensan los gobernantes, de hecho.

“Me parece que me ofende” dijo el conde señalando a la sin nombre.

“Ya saben lo que dicen” dijo la PaperEater dirigiéndose al recién venido, “una persona puede tener una discapacidad, pero muchas veces sus gobiernos son la discapacidad”

“Jah, jah,jah.”

“Tiene un sentido del humor muy curioso” dijo la sin nombre.

“Debo admitir que me diviertes, me causas gracia” dijo De Hecho.

“Gracias” dijo la sin nombre.

“No me corrijas” acotó el conde que suponía había errado sus palabras.

“Si vuestra merced me permite…”

“¿Qué?, hable estoy esperando”

Y Esperando dijo “su gracia, casi puedo deciros…”

“Callaos, es suficiente, preciso saber que quiere decir lo que dijo, y usted ya habló en demasía.” luego dirigiéndose a la hermana recogida de los Qué continuó “Jovencita aclarame todo este enredo o por mi cabeza que te premiaré colgando la tuya en mi salón principal”

“Señor, pero no sería mejor que quien ha formulado la cuestión fuera quien se lo explique”

“Soy yo el gobernante y a mi me contesta quien yo mandé. Acaso no confesaron ante mí haber atentado contra mi persona los villanos de Smartville ¿eh?, ¿y acaso no es cierto que habían estado a 50 kilómetros del lugar del atentado cuando este ocurrió? Ya ves como si es posible para mí que los desgraciados confiesen sus culpas aunque parezcan inocentes. Y es que soy el gobierno. Ahora a callar pues, o mejor dicho confesad… ehh… explicadme.”

“Bien, deduzco por su actitud que está bien ocupando el cargo que ocupa. Aunque le parezca mentira yo he leído historias del futuro porque mi misión es devorarlas. Tratamos así de evitar que la gente las lea y vaya a vivirlas, pero me doy perfecta cuenta que es inútil…”

“¡Guardias!” interrumpió el conde, “Venid desgraciados que esta villana me ha llamado inútil”

“No señor no es a usted” casi imploró la sin nombre.

“¿Señor?” entraron precipitadamente Fuerza y Bruta.

“Esperad”

“Yo me refería” aprovechó la sin nombre “a que era inútil el hecho…”

“Lo veis, ahí está de nuevo, yo soy el Conde De Hecho

“Me refiero a la situación de evitar cambiar la historia…” y esta vez hablo de corrido para no ser interrumpida, “dentro de unos siglos aparecerá un fenómeno social llamado democracia, y será uno de los cuentos más vendidos y creídos por los descendientes de los engaños que se harán llamar electores. En algunos sitios de un extraño reino llamado SUB América pretenderán otras formas de gobierno Democracias y Dictaduras les llamaran, parece ser que todos sabrán escribir para poder copiar los dictados, pero igual serán los torpes los que conduzcan a los más torpes, y los que no sean torpes serán acusados y muertos, se les adjudicaran términos tales como ‘intelectuales’ o ‘artistas’ o peor aún, habrán quienes los llamen ‘revolucionarios’. Al principio tendrán a algunos de los torpes como seguidores, pero luego serán lo que en el futuro llamarán ‘bien old fashion, ¿manyas?‘  que parece ser la enfermedad por la que se convierten en ídolos temporales y la gente jurará que los ama y venera pero realmente muy pocos otros no torpes serán los que entiendan sus mensajes.

No hay mucha diferencia con lo que nos pasa ahora, salvo que usted decida ser un buen gobernante y cambie las cosas desde ahora, porque sino luego será demasiado tarde”

“Vaya, vaya. Estamos muy ofensivos hoy ¿no?. ¿Así que ves el futuro? Pues mira en tu futuro los próximos treinta y cinco años porque tu y este otro se van a podrir en prisión. ¡¡¡Llévenselos!!!”

Mientras avanzaban por los pasadizos de palacio para ser llevados a la Ignorancia el anciano Esperando le preguntó “¿Por qué dijiste todas esas sandeces?”

“Tu anciano me nombraste ¿no?”

“Los nombramientos no los doy yo”

“Me refiero a que mencionaste mi nombre”

“Sí, cuando lo oí me llamó la atención. Era un nombre alienante. Y siempre quise aprender a pronunciar en alienado antiguo. Por eso lo repetí. Pero tu… ¿por qué dijiste tantas locuras?”

“No son locuras, es la verdad. Y cuando oí tu vaticinio pensé que sería bueno promulgar lo que me enseñó Oria Mers.”

“Jah, Jah. Vaticinio… ¿Sabes? Tenías razón en una cosa. Yo debí explicar lo quise decir. Yo sí sabía.”

“Tal vez, pero así también siempre serán los gobernantes. Buscarán que cualquiera, menos el que tiene la respuesta, intenté una solución.”

En eso llegaron al calabozo. Se corrió el portón y ya no se vio luz.

“Antes de terminar explicame que querías decir con eso de tarde…”

El anciano se acarició las barbas y contestó “A esto precisamente, ya se hizo de tarde. Dentro de unos momentos será de noche”

Pronto la noticia de su reflexión se conoció en todo el condado.

Pero esa ya es otra historia.

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